La Comtemplación Infusa

El Broche de Oro que cierra la Unión con Dios.

 

Sor Luisa María Rodamilans, madre de los Sacerdote Jesuitas que estuvieron en Garabandal, uno de ellos presenció el milagro, y murió al día siguiente.

Luisa María Rodamilans, monja Salesa y madre de los sacerdotes jesuitas: Ramón María, Rafael y Luis María Andreu, que murió de gozo después de haber visto a la Santísima Virgen en Garabandal, recibe del Señor el encargo de propagar la Contemplación Infusa. En sus escritos nos deja guardados un camino amplio y seguro para conseguir de Dios esta gracia que ha sido siempre, delicia y alimento de tantos santos a lo largo de la historia de la Salvación.

Comenzaremos a andar por el camino de la oración, sin métodos ni exigencias, simplemente como Dios lo desea para sus pequeños hijos.

 

La Contemplación Infusa. El Broche de Oro que cierra la Unión con Dios.

Ayer, viendo un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, en el que estaba nuestra Sta. hermana Margarita María de Alacoque, vi que salían unos rayos del pecho de Jesús, los cuales iban a parar a Sta. Margarita María. Cuando lo estaba mirando, se desviaron los rayos hacia mi pecho.

“Así como propagué yo la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tú de propagar La Contemplación Infusa”.

La Contemplación Infusa es El Broche de Oro que cierra la Unión con Dios. No encontraremos citas de otros autores espirituales, pues el Autor Principal estará presente en una sola palabra: DIOS AMOR.

            Veremos a través de estas páginas el valor de las cosas pequeñas, casi insignificantes, pero que hechas por amor a Dios, cobran un valor infinito e insospechado. Una pequeña renuncia, un callar a tiempo, una sonrisa en un momento de amargura e ira, una palabra cariñosa a alguien por el que sentimos antipatía, y tantas y tantas pequeñas cosas que harán poco a poco la vestidura de nuestra santidad, así como una prenda está compuesta por miles y miles de costuras muy pequeñas y prácticamente invisibles a nuestra vista.

La obra de Sor Luisa María Rodamilans, monja salesa de del Monasterio de la Visitación y madre de los sacerdotes Andreu, es muy extensa. La vamos a exponer por dias y temas.

            Sor Luisa María recibe directamente del Sagrado Corazón, a través de Margarita María de Alacoque, el encargo de difundir la "Contemplación Infusa", que es la más elevada de las oraciones, "El broche de oro que cierra la unión con Dios".

Hasta ahora, esto parecía reservado para los grandes místicos, como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, y un sinfín de ellos, que han entregado su vida a la contemplación, a la oración, a la meditación. Sin embargo el Señor quiere que todos sus hijos reciban esta gracia de sus Manos. Dios es Padre, y que padre no quiere que todos sus hijos se sienten a su mesa, coman y se sacien de los alimentos que él provee.

 

            

 

            Di a todos mis hijos que vengan a mí, que soy su Padre, el padre de cada uno, el Padre de todos. Y los espero con mis Manos abiertas para curarles, fortalecerles y ponerles en el camino de la salvación, para que un día, el más feliz de vuestra vida, estéis conmigo para siempre, un siempre que no tendrá fin, felices en el cielo.

            Venid a Mí, arrojad en Mi vuestras ansiedades, vuestras preocupaciones, todo lo que no os hace ser felices hijitos míos. Yo lo tomaré todo sobre Mí, y os sanaré de todas vuestras dolencias, de vuestras angustias, de vuestras preocupaciones.

            Mi Voluntad, mi única Voluntad es que todos os salvéis y lleguéis a este Cielo que os tengo preparado. Os abro mis Manos: mi Hijo y el Espíritu Santo. Con Ellas deseo acariciaros, estrecharos  contra mi Corazón, y protegeros de todo mal.

            Venid a Mi hijos y yo os cambiaré ese yugo que lleváis, por otro ligero que no os hará sufrir.

            Venid hijitos míos, os amo con una locura e intensidad que no podéis ni sospechar, pero que un día comprenderéis.

            Soy vuestro Padre, soy vuestro Salvador, soy para vosotros, Amor.

 

 

 

AÑO 1982

 

Que la Virgen Santísima, madre mía muy querida, me ayude con su intercesión a conseguir amar a Dios.

Sor Luisa María

 

 

Empiezo mi cuaderno espiritual con mucha ilusión, para ver si voy adelantando en mi vida espiritual. Consiguiendo ser humilde, y las demás virtudes que se necesitan, para poder ir llegando a la vida de perfección, por puro amor a mi Dios Amor.

Mi vida quiero que sea el Amor de Dios, y si muchas veces no he obrado por tu Amor, Dios mío, perdóname y tómalo como si lo hubiera hecho sólo por tu Amor,

 

Ayer, viendo un cuadro del Sagrado Corazón, y en el que estaba nuestra santa hermana Margarita María de Alacoque, del pecho de Jesús salían unos rayos que iban a parar a ella. Cuando lo estaba mirando, se desviaron los rayos hacia mi pecho.

Sentí entonces la Presencia de Jesús en mi interior deliciosamente. Tuve que estar un rato con gran recogimiento, el cual me lo producía los rayos que sentía en mi interior.

Se lo conté a la madre superiora y no le pareció mal. Me suele decir que me aproveche de estas cosas para adelantar en mi vida espiritual, y que sea humilde.

Al día siguiente tuve una oración muy profunda y de mucho recogimiento con un coloquio precioso con mi Dios Amor.

Yo me veo la misma nada para estas cosas, pero el Señor me suele decir que las gracias que Él ha dado a otros, también me las puede dar a mi.

El Papa a las monjas contemplativas nos dice que tenemos que amar a Dios, pero sobre todo dejarnos amar de Él. En que consiste dejarse amar de Él, pregunto. Y me dicen: dejar que Dios se goce animándonos y gozar nosotros de ese amor.

A mi me parece que la mística, los éxtasis, toques sustanciales, etc., son delicadezas del Amor de Dios a las almas que le aman con puro amor. Dios puede dar estos actos de su Amor a las almas que Él quiera. Él es dueño de sus cosas, pero creo que generalmente las da a las almas de vida de perfección, y que no hacen faltas voluntarias. Por eso, estas delicadezas del Amor de Dios a las almas se deben de tratar con reverencia, respeto y amor de Dios.

 

Esta es nuestra oración

porque la hizo conmigo

mi Dios Amor

 

¡Oh Dios!, que por amor

habitas en el alma en gracia

para allí comunicarle

las delicias de tu Amor

con una intimidad tan grande y profunda

como amorosa.

 

Enséñame Dios mío

en estos momentos de cielo en mi alma

a saber corresponder y ser agradecida

a todo el amor que me tenéis.

 

Que yo corresponda con gran fidelidad

a todas las delicadezas de tu Amor

animándote cada vez y más

con mi más fino y puro amor.

 

 

Mi jaculatoria que me gusta repetir: Yo os adoro Dios mío en el fondo de mi alma, y os amor con todo mi corazón.

 

Cuando voy a la oración para hablar con mi Dios Amor, que necesidad tenemos de ese tercer libro de oración. Si voy a ver a un amigo y me pongo con él a hablar, no necesito ningún libro, pues los dos nos bastamos ya. Si a Dios le conociéramos y le amásemos de verdad, ese tercer libro de oración nos tendría que sobrar.

Señor, veo la táctica y la técnica que se pueden tener para llegar a tener oración. El llegar a tener oración es amando mucho a Dios. Y que este amor haga que nuestras obras sean hechas con la mayor perfección, por puro amor a Él. Y así darle nosotros amor, sin buscar otra cosa que darle amor a Él.

No buscar sus dones, buscarle sólo a Él.

No buscar sus gracias, sino sólo a Él.

Pero si Él nos da sus dones y gracias, tenemos que recibirlo todo con mucho amor, por ser gracias y dones de Él.

Todo lo que viene de Dios, lo tenemos que recibir como gracias sin merecerlas, sino que Él nos lasa da por su Bondad.

Como la oración, que es una gracia gratuita que Dios nos da.

No podemos quejarnos de nada, solo ir recibiendo las luces que Dios nos quiera dar. Pueden ser estas de sus Intimidades, de sus Atributos, de su amor a las almas, ya nos dé a gustar sus amores y delicadezas que Él solo sabe y puede dar.

Hay veces que en una hora el alma recibe más de Dios, que otra veces en varios días de oración. Como es un don gratuito de Dios, Él da lo que quiere, cuanto quiere, como quiere y cuando quiere, como quiere y a quien quiere. Lo que si podemos hacer nosotros, es disponernos con nuestra vida de perfección, para que Dios pueda obrar según su Voluntad. Y nosotros ser muy agradecidos siendo muy humildes a todo a todo lo que sea la Voluntad Divina.

 

Leyendo a Santa Teresa sobre el Cantar, dice: “Béseme con el beso de su boca, porque más valen tus pechos que el vino”.

El beso de su boca puede ser el beso de paz. Y porque mas valen tus pechos que el vino, puede referirse a la Llaga del Costado del Señor. Así el alma embriagarse en la Sangre de Cristo, porque su Sangre vale tanto, que con nada se puede comparar. Así el alma, con esto que dice del béseme, queda en la Paz de Cristo, embriagada en su Divino Amor.

 

 

Adorar a Dios en Espíritu y verdad

 

Ahora bien, si Dios es espíritu, y tu tienes espíritu, es el espíritu el verdadero lugar de encuentro con el Padre.

El Rostro de Dios es una expresión bíblica para significar la Presencia Viviente de Dios. Esa Presencia se engrosa, se condensa, cuando la fe y el amor hacen que las relaciones del alma con Dios, sean más fecundas e íntimas.

El hombre se distingue particularmente de los demás seres, en que lleva una zona interior de soledad, que es el lugar de encuentro con el Absoluto y Trascendente. Por esa interioridad es superior al Universo entero. A estas profundidades de si mismo retorna cuando entra dentro de su corazón, donde Dios le aguarda escrutador de los corazones, y donde él personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino. En este espacio de soledad es donde Dios espera al hombre para el diálogo.

 

Leo, que para llegar al encuentro con Dios y hacer oración, tenemos muchas cosas que nos estorban, distracciones y otras muchas. Y esto es verdad.

Leo sobre Dios en el alma. Dan muchas explicaciones, pero hay que vivirlo para decir algo de lo mucho que esto es.

 

 “Cuando el alma intenta entrar en la comunicación con el Señor, lo primero que tiene que hacer es vivificar la presencia del Señor, después de dominar y recoger las facultades. El alma ha de tener muy claro que Dios está objetivamente presente en su ser entero, al que comunica la existencia y la consistencia. Dios nos penetra, nos envuelve y nos sostiene”.

 

Pienso, hablando de las tentaciones, que muchas veces son tentaciones para no poder recogernos en la oración, pues hay veces que son de cosas de hace ya tiempo y de las que ni nos acordábamos, Y entonces viene a dar vueltas y a molestar en el preciso momento de la oración. Pero si el alma, al ponerse para hacer oración, el Señor la recoge sin ella pensarlo ni procurarlo, y el Señor le hace sentir su Divina Presencia, el alma entonces, en ese dulce recogimiento, se encuentra hablando con Dios amorosamente. Aquí cesan las preocupaciones y las distracciones, nada molesta, nada estorba, está en una completa paz con su Dios Amor.

Yo creo que mucho influye según se haya llevado el día. Hay que dejar resbalar muchas cosas, o mejor dicho, todo lo que nos quite la paz. Sin paz, creo que no puede haber recogimiento, en la paz se encuentra Dios. Me parece que para poder llegar a tener oración, muchos métodos estorban. Lo que hace falta es tener una conciencia pura, tranquila, llena de santa paz interior y exterior, dejando a un lado toda preocupación que nos quite la paz, porque en esa paz es donde tenemos que encontrar a Dios.

Para poder tener oración, muchos métodos estorban. Lo que hace falta es tener una conciencia pura, tranquila, llena de santa paz interior y exterior, dejando a un lado toda preocupación que nos quite la paz, porque en esa paz es donde tenemos que encontrar a Dios.

 

“Nos preguntaremos como podemos llegar a tener una conciencia pura, que es una conciencia pura. Tuve hambre y me disteis de comer. Tuve sed y me disteis de beber… En las bienaventuranzas esta escondida la respuesta a ello. Da igual la vida que tengamos. Siempre podremos amar al prójimo por amor a Dios, amarle como a nosotros mismos, y más. Hacer el bien, amar, realizar nuestro trabajo con amor y con la mayor perfección que nos sea posible, pidiendo ayuda al Señor.

El médico, el actor, el mecánico, el camarero, la enfermera, el albañil... Siempre podemos hacer el bien. Siendo unos buenos esposos, buenos hijos, buenos padres, buenos amigos. Respetar a la mujer o al esposo de mi prójimo y amar a la nuestra, como Cristo ama a su Iglesia, como la Iglesia ama a Cristo. Cumplir los mandamientos de Dios, y los de nuestra Santa Madre Iglesia. Y todo por puro amor a Dios.

Todo esto nos dará una conciencia pura y limpia en la que se hará presente la Paz de Dios, esa paz que es la puerta a la única y verdadera alegría, a esa alegría que es de Jesús y de los que son de Jesús. Ahí es cuando podremos llamar a Dios, padre, y a la Virgen Santísima, madre. Y todo sustentado en la fe, en ese claroscuro que nos hace merecer y ser corredentores en el Redentor.

“Podemos estar atribulados, enfermos, en un sin fin de situaciones más o menos difíciles y que no podemos evitar, pues son parte de nuestra vida, momentos de cruz que el Señor amorosamente nos envía y nos ayuda a llevar. La oración es entonces la confianza, el saberse su hijo querido y que Él, de una forma u otra, nos ayuda.

Hay momentos de oscuridad, de dolor, de prueba, que Dios manda a sus hijos y en los que la oración, gratísima a Él, es un te quiero, un te lo ofrezco todo, un ayúdame Señor, ayúdame padre mío, ayúdame Jesús mío. Como ama el Señor, y como escucha el Señor la oración de un hijo que solo sabe decirle que le quiere, que se haga su Voluntad. Ve a su Hijo en nosotros y Dios se aplaca, rompe todas las leyes naturales y sobrenaturales para estrechar en su Corazón a este hijo suyo que sufre y que le necesita.

Por eso, es bueno, muy bueno pedir al Señor hasta por las cosas más pequeñas, no digo ya las grandes. Un niño llora a su madre por un simple arañazo, por una caída en la que se ha raspado un poco su rodillita, y por tantas cosas que para su padre y su madre son poca cosa. Pero ellos se apresuran a consolar, a curar y a ayudar a su hijo. Esto hará crecer nuestra confianza en el Señor.

Nuestro día a día está lleno de pequeñas cruces, renuncias, molestias, sinsabores, fatigas, y tantas que harán una larga lista. No digo ya cuando son cosas que nos hieren, tanto en el cuerpo como en el alma, en nuestro espíritu, situaciones muy difíciles, por una enfermedad, por una separación, por tantas cosas que cuando aparecen en nuestra vida, nos sentimos morir un poco y verdaderamente nos ponen al límite. Situaciones muy difíciles, muy complicadas, y otras aparentemente intrascendentes, pero que cuando se acumulan, nos llegan hasta a poner a las puertas de una enfermedad. Ahí está el Señor. Ahí está, para lo grande, para lo pequeño, para todo. Por eso Él dice: Arroja en Dios tus ansiedades y Él te sustentará. Mis delicias es estar con los hijos de los hombres.

Dios es nuestro padre y a Él debemos acudir en todo lo que ocurra durante nuestro corto peregrinar en esta vida.

Hagamos esto mismo nosotros con Nuestro Señor Jesucristo. Acudamos a Él no solo en las grandes pruebas, sino también en esas numerosas penas y alegrías que son el pan nuestro de cada día en nuestra vida cotidiana. Esto nos hará tener cerca a Dios continuamente, estar en su Divina Presencia.

Acudamos al Sagrario, seamos Almas de Eucaristía. Jesús está presente en la Eucaristía como lo estaba en la tierra y lo está ahora en el Cielo. Nos oye, nos ve, en esa Locura de Amor que es el Santísimo Sacramento. Ella, la Eucaristía, es nuestro centro. Nuestra vida gira alrededor de Ella y veremos como todo se ordena, cobra valor, recuperamos las fuerzas, la ilusión, y disfrutaremos de tenerle a Él mucho más íntimamente que lo tuvieron los que le veían y hablaban con Él durante su vida terrena. Descubramos este Tesoro que es Dios con nosotros, en nosotros, para nosotros. En la Eucaristía Dios se nos da completamente, también démonos nosotros a Él completamente, y nuestras vidas en sus manos cobrarán nuevamente el valor que tiene, el de hijos de Dios y herederos del Cielo.

Acudamos a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, y a nuestro padre y Señor San José, ellos nos llevarán a Jesús y gozaremos de esa petición que hizo el Señor al Padre en la Última Cena: “Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del mundo, pues ya no son del mundo, como Yo no lo soy”. Pensemos en estas palabras del Señor”.

“Este libro trata sobre la Contemplación Infusa, que Sor Luisa María define como el Broche de Oro que cierra la Unión con Dios. Dios quiere dar en estos tiempos tan necesitados de su Misericordia, esta sublime oración a todos los que se la pidan y quieran merecerla”.

 

“La contemplación infusa es un don sobrenatural y pasivo, infundido directamente por Dios en el alma, que otorga un conocimiento amoroso e intuitivo de su presencia, marcando el inicio de la vida mística. A diferencia de la oración meditativa, no requiere esfuerzo humano discursivo, sino que el Espíritu Santo mueve al alma a una unión divina.

A diferencia de la oración meditativa, no requiere esfuerzo humano discursivo, sino que el Espíritu Santo mueve al alma a una unión divina. 

Es una gracia recibida, no una técnica adquirida por el esfuerzo propio.

No es un razonamiento intelectual, sino una experiencia directa, amorosa y profunda de la presencia de Dios”.

La Iniciativa es de Dios: El alma se prepara (a través de una vida de oración y purificación), pero la acción la realiza el Espíritu Santo.

Inicio de la Vida Mística: Se considera el comienzo de la unión mística, descrito por santos como Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.

Infusa vs. Adquirida: La infusa es un don gratuito (pasivo), mientras que la adquirida implica un esfuerzo humano.

Purificación: Suele presentarse tras un periodo de intensa vida espiritual o en etapas de «noche oscura», donde el alma se adapta a esta nueva forma de oración.

Experiencia: Puede sentirse como una inmersión directa en la realidad divina, o una "luz" que penetra la fe.

En resumen, es Dios actuando directamente en la interioridad de la persona, llevándola a un amor y conocimiento superiores sin la necesidad de esfuerzos conceptuales”.

 

“Esto es la Contemplación Infusa y esto es lo que Dios quiere dar a sus hijos”.

 

 

 

Dios mío, quiero amarte en verdad. Y para llegar a amarte como yo quiero, tengo que renunciar a muchas cosas. Estoy dispuesta a ello, pero ayúdame mi Dios Amor con tu Gracia.

Sé que estas renuncias me llevarán muchas humillaciones, desprecios, vencimientos costosos, pero para todo cuento con tu Gracia a Amor. Sin ella nada soy, bien lo sabes Tú, mi Dios Amor. Es que yo quiero ser tuya, por puro amor a Ti, y para ser tuya tengo que pasar por una vida llena de humillaciones, contradicciones, dificultades. Estoy dispuesta a ello mi Dios Amor, pero repito como siempre que cuento con tu Gracia y Amor.

Por eso te pido, Señor mío, que no falle en mis deseos. Soy débil, ten compasión de mi. Dame fortaleza para sufrir todo lo que Tu quieras y conformidad con tu Divina Voluntad.

Señor, que te ame siempre con puro amor a Ti, mi Dios Amor. Que sea siempre tuya Señor.

Señor, que sepa desenvolverme en todo momento dándote mi amor, por dificultoso que sea lo que se presente. Con ello quiero darte amor puro, Señor mío, mi Dios Amor.

Señor, que mi lucha sea siempre para darte amor, y con este luchar te dé más amor.

Que sea humilde Señor.

 

“No nos importe no saber, haber tardado mucho en haberle encontrado, en todo el tiempo perdido. Ahora estamos entre sus fuertes brazos y nada importa. Él es Omnipotente. Todo lo puede. Ama la sencillez, la plegaria de un hijo que vuelve a sus brazos paternales y que arrepentido le pide perdón. Incluso antes de la muerte, instantes antes Él puede hacer que nuestra vida sea reparada en todo lo que nosotros hemos fallado. Es la paga de un denario a todos los trabajadores, a los de la mañana temprano y los que llegan a última hora.

Veamos lo que el Señor le dice a Gabriela Bossis.

"Pídeme que te dé todo lo que hasta aquí has perdido por tu negligencia en corresponder a Mis Gracias.

“Pide humildemente y con confianza, Mi Misericordia te lo concederá, pues nada hay imposible para el Amor victorioso que es el Mío. Te devolveré a los lugares perdidos. Tendrás las luces que te han faltado y volverás a encontrar el anillo de las intimidades. No te quedes en ese malestar que nos aleja. Ten la seguridad de que Mi Bondad sobrepasa infinitamente vuestros pecados y vuestra miseria. Si no contaras conmigo, ¿con quién podrías contar? Deposita en Mí todas tus posibilidades de confiar y esperar; Me honrarás con ello y Yo responderé, uno por uno, a tus llamados. Sólo Yo sé responderos, sólo Yo os puedo satisfacer. Ya conoces Mi Dulzura; qué, ¿no tendré nuevos atractivos para ti? Busca en tu memoria todas las hambres de Mí que has tenido porque Yo te las daba. Siempre he venido a ti, aun cuando no has visto Mi Rostro y en ocasiones no Me has reconocido. "Domina pues, tus dudas. Y, aunque mientras vives sobre la Tierra, vivirás siempre expuesta a la debilidad y el desfallecimiento, sal siempre de él mediante un impulso hacia Mí, que todo lo repara.

"Frecuentes miradas a tu Salvador y tu Amigo: esto es lo que aguardo de ti y lo que Me gusta en ti. Mis Delicias las tengo en la 'vida a dos' y ¡cuánto querría que Me creyeses!"

Gabriela Bossis. El y Yo. 1541. 12 Septiembre 1946

 

 

 

PAZ PARA EL ENCUENTRO

 

Leo muchas explicaciones para poder encontrarnos con Dios. Entre ellas la paz. Para mí la paz es única para poder encontrarme con Dios, porque en esta paz interior y exterior, como ya dije antes, es donde encontramos a Dios. Sin esta paz veo dificilísimo encontrarnos con Él. La paz depende nosotros. La paz nos la tenemos que hacer nosotros. Y si de verdad amamos a Dios, encontraremos la paz, y con esta paz a Él.

Veo dificilísimo encontrar a Dios, si nosotros no trabajamos para ello, porque por cualquier cosita nos inquietamos, y por pequeña que sea, nos quita la paz que necesitamos para poder encontrarnos con Dios. Por eso tenemos que hacer un vacío completo, interior y exterior. Al hacer este vacío, nos encontramos que nada nos preocupa. Entonces llegaremos a tener es santa paz que se necesita, para poder encontrar en nuestro interior, en el fondo de nuestra alma, a Dios, que nos espera lleno de amor.

Pedir perdón al Señor antes de comenzar la oración, de todas mis faltas, hasta de las más pequeñas. Así, con esa pureza, sin preocupación ninguna, con esa santa paz, procuro recogerme, si el Señor no me recoge antes. Así empiezo mi oración. Hay veces que el Señor recoge el alma al empezar, otras en la mitad de la oración. Si el Señor no me recoge, procuro procuro hacer la oración meditando, o estando amorosamente con él.

 

Es tan sencillo hacer oración. Dios espera a todos sus hijos, sea cual sea su condición, su día a día. Unos se dirigirán a Él en su transporte matinal al trabajo. Otros encontrarán un rato antes de salir de casa. Otros acudirán a la Iglesia. Otros elevarán sus plegarias en las cárceles, en los hospitales, como enfermos o como médicos o enfermeras. Y un sin fin de otros a los que Dios espera en su oración, estén donde estén y sean las que sean sus circunstancias. Podemos hacer una oración en el trayecto de un viaje en el Metro, que dé tanto amor a Dios, amor de cada uno de nosotros, que Él espera de una forma particular. Y será una santa y verdadera oración.

Pero busquemos un sitio apartado si nos es posible, donde reine el silencio, y podamos disfrutar de Él. Busquemos unos momentos, un rato, lo que a cada uno le sea posible, y las veces que sean posibles, para recogernos y entrar en nuestro interior. En el barco, en el avión, en el autobús, andando, conduciendo. En cualquier momento podemos recurrir a esta gran arma que Dios nos da, que es la oración. En unos instantes, recogemos nuestros sentidos, le llamamos con confianza, y ahí estará Él”.

Ved lo que le dice el Señor a Gabriela Bossis: “No reces tus oraciones como una carga obligatoria, sino como una historia cautivadora y nueva al oído de tu bienamado. Le dirás aún mejor con una sonrisa interior. ¡Y cómo será escuchada! (El y Yo. 1940. 855)”.

 

La oración es un encuentro, una intimidad. No nos violentemos, tengamos siempre calma y tranquilidad. Dios habita en el alma, se deja sentir en mí. El sentir su Divina Presencia con nada se puede comparar. Se siente a Dios y el alma sabe con certeza que es Dios. Al sentirle, se le ve, aunque no se le vea. Al sentirle me habla, aunque no le hablo. Al sentirle se da a entender, sin decir nada. Su Presencia Divina se ve, se oye, se entiende, sin decir nada, sin ver nada, todo en silencio, pero entendiéndolo todo exactamente. Esto es, en ese recogimiento interior en que Dios pone al alma. Don Él habla sin hablar. Se deja oír sin ruido, se deja entender sin palabras.

En este silencio divino, donde todo es amor, todo se hace por amor, y con amor. El alma después de este encuentro de silencio con Dios, sale cambiada, fortalecida, como nueva, es otra.

 

“Dios le ha dicho en el silencio: si me siente con amor, es porque te amo. Si sientes que me recreo en tu alma, es porque me eres agradable. Si me sientes en tu alma, es porque me posees”.

 

Nunca me gusta decir lo que doy a Jesús. Eso es cuenta nuestra. Todo lo que haga por amor, estoy obligada. Soy sierva suya. Para eso me creó Dios, para amarle, servirle y darle gloria. Pero sí me gusta escribir las delicadezas que Dios tiene para las almas que le aman, o que quieren amarle. Y, sobre todo, si le aman con puro amor a Él mismo.

¡Dios es Amor!!

¡El vencimiento es Cruz!

 

Estando haciendo la visita, pensando que en estos días no me pasan cosas, y como había escrito algo sobre las renuncias y vencimientos. Estando así distraída en el vencimiento, sentí la Presencia Divina en mi interior muy fuerte, tanto que quedó mi alma muy recogida.

Siempre se me suelen cerrar los ojos en estos casos, sin pensar ello y sin darme cuenta. Estando con los ojos cerrados, veía una cruz de tamaño natural, del estilo de las que pinta el pintor Dalí, con el Cristo inclinado hacia delante. Estaba un poco de costado, pero yo no hacía caso, y meneaba la cabeza y cerraba los ojos. Cuando abría los ojos, no veía nada, y cuando se me volvían a cerrar, otra vez veía el crucifijo, pero un poco más vuelto de espaldas.

En esto siento que me dicen: “El vencimiento es Cruz”

 

Por la noche, al ir a rezar el Rosario, al comienzo, pensaba en como me gusta llevar las manos limpias al ir a Misa. Pensando esto, otra volví a sentir la Presencia Divina que me dejó recogida con mucha suavidad. Se me cerraron los ojos como me suele pasar, y vi una Sagrada Hostia con mucha luz. Entonces oí que me dijeron: “Soy El Mismo que recibes”.

Creo el Señor me dijo esto para que no dude cuando siente ese dulce recogimiento, y que piense que es Dios mismo al que recibo en al Sagrada Comunión. ¡Como me ve tan miseria! Pero el Señor me dice que piense en su Misericordia.

¡Gracias por todo mi Dios Amor!

 

Escribo esta cosas para que se vea como Dios trata a las almas que le quieren amar. No me trata así por lo que soy, pues yo me veo miseria, la misma nada, y cuanto más veo la Majestad de Dios, más nada me veo yo.

Pero Dios tiene sus delicadezas con quien quiere, y cuando ve un alma que es muy pequeña, y que quiere amarle, en la coge en sus Brazos y la mima como un padre ama a su hijo pequeño. ¡Dios es todo Misericordia!

Dios, en estos toques que da a mi alma amorosamente, me llena de Él. Soy feliz en Él porque mi felicidad es Él mismo. En esa felicidad gozo de Él, porque Él es mi gozo. Dios es mi vida, porque Él es vida para mi.

 

 

  “BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS

 

He oído una homilía sobre los limpios de corazón. Esto me gusta mucho a mi pensarlo, pues me parece que es una de las principales virtudes que necesitamos para ir a la oración, al encuentro con Dios.

Jesús, dice en la bienaventuranza: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Jesús llama bienaventurados a los limpios de corazón, a esas alma limpias, de corazón sencillo, sin doblez, almas humildes, transparentes, que dejan ver hasta el fondo su limpieza de corazón.

Un corazón limpio no tiene motas, las cuales son nuestras imperfecciones. No tiene manchas, las cuales son nuestras faltas. No tiene impurezas, porque sus acciones son puras.

El limpio de corazón tiene que reflejar a Dios en sus obras limpias, en su convivencia, en su mirada pura, en su conversación sencilla y sin doblez, en su porte sin altivez, en su andar sin obstinación y orgullo, en su mirada humilde y veraz. Que digan los que le ven: ¡En este alma se refleja Dios!

Procuremos tener limpieza de corazón, para que en nuestras obras reflejemos a Dios. Para ir a la oración, al encuentro con Dios, vayamos con un corazón limpio y humilde. Esto nos dará la paz interior y exterior que necesitamos para encontrarnos con Dios.

Al llegar aquí, se comprende que ya hemos hecho todas la renuncias y vencimientos que necesitamos para es encuentro con Dios Amor.

Si amamos a Dios, con esa limpieza de corazón que Él quiere, entonces, las renuncias, los vencimientos y todo lo demás, por costoso que sea, lo haremos gustosos por dar algo de amor a Dios, y así, demostrarle a Dios, que le amamos de verdad.

Creo, que sin esa limpieza de corazón, la oración no puede dar fruto, porque el encuentro con Dios no ha sido como tenía que ser.

 

¡Quiero amarte Señor

con un amor puro

con esa limpieza de corazón

que Tú quieres que te ame!

 

¡Quiero amarte Señor

con un corazón sin motas ni repliegues

con esa limpieza de corazón

que nos dices en las Bienaventuranzas!

 

Pensemos que tenemos que hacer para llegar a tener esa limpieza de corazón que Dios quiere de nosotros, y hacerlo. Si tenemos esa limpieza de corazón, iremos a la oración, al encuentro con Dios, con esa santa disposición, para que en el encuentro con Dios, con esa santa disposición, y si es su voluntad, nos muestre su Rostro. Y así, seremos: “LOS BIENAVENTURADOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS”.

 

¡Que llegue a ver tu Rostro Señor!

¡Gracias por todo mi Dios Amor!

 

 

 

AQUÍ YA ME CONOCES

 

Leyendo a Santa Teresa, lo que es el infierno, las penas eternas que se sufren allí, y que es para toda la eternidad.

“Describió el infierno en su Libro de la Vida (capítulo 32) como una experiencia física y espiritual terrible, no como una alegoría. Lo describió como un lugar oscuro, estrecho, con suelo de lodo pestilente, reptiles venenosos y fuego inextinguible, el mayor tormento la desesperación, la soledad absoluta y la ausencia eterna de Dios.

Ella narró que la experiencia fue tan real que, si Dios no la hubiera sostenido, habría muerto de terror, valorando esto como una de las mayores mercedes (favores) que el Señor le hizo para fortalecer su fe”.

Para mí la mayor pena sería no ver a Dios nunca. Aquí tampoco le vemos.

En esto, siento la Presencia de Dios dulce y amorosamente, como diciéndome: “Aquí ya me conoces, y estoy contigo, aunque no me ves”.

Estas visitas del Señor son deliciosas, aunque mejor que decir visitas, diría estas presencias de Dios, que enloquecen al hombre en amor de Dios, y el hombre se vuelca a dar amor a Dios sin reparar en los medios. Va hasta el fin, su entrega es total.

Si estas presencias son verdaderamente de Dios, causan estos o parecidos efectos.

¿Qué tiene estas presencia de Dios que arrastra al hombre a hacer lo que Dios quiere? Si la presencia de Dios es verdadera, deja al hombre sin voluntad, como le pasó a San Pablo, que llegó a caer del caballo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, por qué me persigues… ¿quien eres Señor?, Yo soy Jesús, a quien tu persigue. Y Pablo hizo lo que le mandó Jesús.

Aquí se ve el Amor de Dios, el Poder de Dios, la fortaleza que da Dios al hombre que le quiere seguir para hacer su Voluntad, si el hombre no pone obstáculo para ello. Porque la voluntad del hombre es libre, Dios la respeta. Dios llama, pero no fuerza, como pasó con el joven rico del Evangelio, que Dios le llamó, pero él no le siguió.

 

“También Moisés tembló en la Presencia de Dios. Y Saulo tembló en la presencia de Cristo que lo acababa de derribar. ¿Quién puede escapárseme cuando Yo decido atraparlo? Pero Yo respeto siempre vuestra libertad y cuando Me la sometéis, es para Mí el regalo más grande que de vosotros pueda recibir; nada Me causa tanta alegría. Vuestra libertad Me recuerda la Mía, la que Yo os entregué de manera tan total cuando viví sobre la Tierra. "Entiende también esto: que tú Me sacrificarás de manera todavía más completa tu libertad en el momento de la muerte. Será el esfuerzo supremo de tu amor total. Y Yo cogeré tu muerte como una palma.” (Gabriela Bossis. El y Yo.

 

 

Día 22-2-1981

 

“Mis delicias es estar con los hijos de los hombre”

 

En esta oración que Dios me ha dado hoy, me ha llenado de su dulzura y suavidad. ¡Me ha hecho ver tantas cosas! Me ha hecho ver como mi alma descansaba en su Amor.

He visto que Tu Señor, dulcemente la tenías descansando en tu Seno, mi Señor y mi Dios. Yo te decía cuanto te quiero amar y que mis obras sean de fidelidad y amor a tu Amor, mi Dios y Señor.

No quiero ni faltas ni pecados voluntarios. Para esto tengo que estar muy sobre mi y no obrar con ligereza, porque quiero obrar dándote puro amor. Por eso, tengo que pensar muy bien lo que hago y guardar mi equilibrio de fidelidad en mis acciones.

Que sea atenta con quien Tú sabes, Señor. Que no huya de darte amor, aunque me cueste.

 

 

Día 27-20-1981

 

Estos días, Dios se deja sentir en mi alma deliciosamente. Yo le digo al Señor la miseria que soy, aunque Él ya lo sabe.

¡Me trata con tanto amor mi Dios Amor! Me veo tan nada ante tanta grandeza. ¡El es mi gozo!

 

Estoy ante el Sagrario y pienso en cuanto me enseña el Sagrario. Dios me espera lleno de paciencia, para que yo venga a acompañarle. ¿Que pensará Jesús en el Sagrario tan solo como se encuentra casi todo el día?

Estará esperando a que vengamos a decirle que le amamos y Él decirnos que está ahí por amor a nosotros, para que tengamos nuestros coloquios con Él. ¡Gracias Señor!

También pienso en como habita Dios en nuestra alma por la gracia. Y digo y pienso en cuantas veces nos recogemos en nuestro interior para hacer compañía a Dios, hablar con Él de lo que queremos amarle, de nuestros conflictos, etc. También para darle gracias. Nunca nos deja solos, nos cuida como la madre mas cariñosa cuida a sus hijos.

 

Señor, te quiero amar. Y al sentirte con tanto amor, es que vivimos unidos en el Amor. Que más puedo pedir, que vivir en unión de amor con mi Dios y Señor. ¡Esque el Amor de mi Dios es mi todo! Él es mi fortaleza, pues al estar unidos su Amor al mío, me hace fuerte en Él y por Él.

Yo pongo toda mi confianza en mi Dios, de Él lo espero todo. Veo que su Misericordia amorosa me envuelve e Él y me hace suya.

 

Cuando me siento en Dios

mi alma se siente suya en Él.

Yo me gozo de ese su gozo

y en este gozo soy feliz

porque Él es mi gozo.

 

 

 

Día 3-3-1981

 

“Mi Dios y mi gozo”. “El gozo de Dios”.

 

Mi oración de esta tarde Ha sido deliciosa. Es esa oración de la cual yo digo: sin ver, veía, sin oír, oía, sin hablar, entendía

Sentía a Dios en mi alma, produciéndome rayos de felicidad. No sé como explicar esto. Creo que para entenderlo, hay que vivirlo.

Por lo que Dios me hacía sentir, veía que Dios se regalaba en mi alma con mucho amor. Sin hablar me decía que me amaba mucho, por la felicidad que me daba a gozar. Sin oír, oía, como con el susurro de su Amor; se recreaba en mi alma lleno de amor.

Quiero amar a mi Dios Amor, siendo muy fiel. Todos estos gozos y delicias, suponen que tengo que llevar todas las contrariedades con un amor generosísimo a Dios, me guste o no me guste. Y todo hacerlo por amor a Él, sin pararme en mi para nada. Creo que esta es la manera de dar mi amor a Dios. Y no hago más de lo que debo hacer, pues sierva soy del Señor, sierva inútil, pero que quiere amar mucho a Dios, pues para eso he sido creada, para amarle, servirle y darle gloria.

 

“En el Canto del Magníficat, nuestra Madre, la Santísima Virgen María, se proclama humildemente, la esclava del Señor: “He aquí la esclava del Señor...” “Porque vio la humildad de su esclava…!

“Ella, la Inmaculada, Trono de la Sabiduría, sabía distinguir entre proclamarse sierva o esclava del Señor. Un siervo tiene derechos, no es enteramente de su amo, él trabaja para su amo, pero no pertenece a su amo. El esclavo es enteramente de su amo. Él puede hacer lo que quiera con él. Es suyo con pleno derecho, y su vida le pertenece. ¡Que gran diferencia nos encontramos aquí! Podemos ser siervos de Dios, con nuestros derechos y seguir perteneciéndonos a nosotros mismo, o por el contrario, ser sus esclavos, hijos de su Esclava, y pertenecer a Él totalmente. Si Él quiere que vivamos, viviremos. Si Él quiere que muramos, moriremos. Pero siempre viviremos y moriremos sabiendo que donde está Él, allí estaremos nosotros con Él y en Él. No olvidemos que esa Esclava es su Madre, y que nosotros somos hijos de su Esclava, esclavos por tanto.

Aquí está encerrado el gran anhelo del hombre por encontrar a Dios y ser feliz ya en la tierra, para serlo más adelante, eternamente en el Cielo”.

 

 

Día 20-3-1981

 

Sigo contemplando el Crucifijo.

¡Tanto nos dice su Amor!

 

Viéndole allí, clavado en la Cruz por mi amor y sufriendo tanto por mi amor.

 

Al ver Jesús, tus Manos clavadas, pienso que con el peso de tu Santísimo Cuerpo, se abrían mas tus Heridas.

Y lo mismo pienso de tus Pies clavados. ¡Cuanto sufres Señor! Y si te pregunto por quien sufres tanto, me dirás: “Por ti, por tu amor”.

Verte Señor así, despreciado, Tu que habías hecho tanto bien con tus milagros, con tus enseñanzas y tantas otras obras que no se pueden contar, como dice tu Apóstol Juan en su Evangelio.

¡Cuanto sufriría tu Corazón, viéndote maltratado, injuriado y despreciado! “El dolor de ver a tu Madre Santísima sufrir por el odio con que te perseguían tus enemigos, para los que tu Preciosísima Sangre se iba a derramar en vano”. “Hacía poco que la gente te seguía aclamándote con palmas y entusiasmo en tu entrada triunfal en Jerusalén. Muchos de ellos gritarán a favor de tu condena. Otros, ahora que te han clavado en la Cruz, te abandonarán. Tus mismos discípulos, huyeron en Getsemaní cuando los soldados te apresaron. Y Pedro proclamando a voces tres veces que no te conocía. Cuanto dolor, tantas y tantas espinas que se clavaron en tu Corazón Sacratísimo, muchas más que las de la Corona de Espinas que los malvados soldados inventaron para torturarte y aumentar tu dolor”. !Que ingratitud¡

Te acompañan los que bien te quiere, tu Santísima Madre, María Magdalena, San Juan, y la otra María, madre de Santiago y Judas.

 

Señor, que yo sea de los que te aman de verdad por tu amor, acompañe a los más necesitados en todos los sentidos, y en ellos te vea a Ti, mi Dios Amor.

Señor, que sepa callar, como tu callabas.

Señor que sepa sufrir sin quejarme, como Tu sufrías en la Cruz.

Señor, que sepa perdonar como Tú perdonas en la Cruz.

Que no presuma de mí, pues soy nada sin Ti. Soy miseria.

Que tenga la delicadeza de disimular las faltas de otros, como Tú disimulas las mías

Que lo haga todo con amor generoso y por tu Amor, mi Dios Amor.

 

Comprendo que me he detenido poco para mirar el Crucifijo y pensar todo lo que nos dice y nos enseña. “En el están todas las respuestas a tantas preguntas que nos hacemos, y las que no encontramos respuesta”.

 

 

EL CASO DE UNA VOCACIÓN

 

Una joven vino unos días para ver si le gustaba nuestra vida, pues parecía que tenía vocación religiosa. Vino recomendado por un religioso que era conocido en el Monasterio. Estuvo unos días la joven y le gustó nuestra vida.

Más tarde escribió diciendo que lo había pensado y que se decidía a venir para comenzar su vida religiosa.

Al cabo de unos dos meses, vino por fin para comenzar la nueva vida. Vino contenta y decidida, la acompañaba su director.

Después de algunas semanas, la empezaron las dudas, pensando en lo que dejó, en las dificultades que encontraba. Así, empezó a dudar de su vocación, pero se veía que ella quería contentar a Dios.

Escribo esto para que se vea como el demonio se mete entre medias, para perturbar y enfriar una vocación, o quitarla si puede.

Yo veo que todas esas dudas son tentaciones del demonio para estorbar esos buenos deseos de darse a Dios con generosidad.

A mí me parece que para combatir todo esto, ella tiene que rechazar todas esas ideas de dudas, pero rechazarlas como malos pensamientos. Y con esta disposición solo pensar en como llegar con más generosidad y fidelidad a la meta que se ha propuesto, que es darse a Dios con una entrega total, llena de amor a Él mismo.

El Amor todo lo puede. Lo difícil lo hace fácil, lo costoso suave y ligero.

Si el demonio ve que no se le hace caso, se retirará, y el alma podrá seguir fielmente su vocación. Así habrá triunfado, y el Señor la mirará con mucho amor. Verá el Señor que sabe luchar, y que en la lucha sale victoriosa, porque se ve que ama a Dios en espíritu y en verdad.

A mí me parece que una vocación tan pensada, y bien preparada, tiene que ser verdadera. Lo que pasa es que el demonio viene a estorbar y a salirse con la suya. Por eso, no hay que hacer caso de todas esas dudas, que solo son para molestar.

Que no nos vaya a pasar lo del joven rico, que por pensar y darle pena lo que dejaba, no fue fiel a la llamada de Jesús. ¡Como disfrutará el demonio viendo que por un puñado de cosas, dejamos lo principal, seguir a Jesucristo, y vivir con Él para siempre! Pensar bien lo que esto supone.

 

 

Día 23-3-1981

 

Recordando lo del toque sustancial, el Señor me hace ver cuanto le gusta la obediencia de cerrar el libro sin acabar de leer la explicación. Dios me enseñó lo que no me dio tiempo de leer, haciéndome experimental lo que es un toque sustancial en Él. El Señor me hace gustar las cosas divinas. Esto da una fuerza interior inmensa para la vida espiritual de perfección. Es una gracia de Dios difícil de explicar, porque en esta gracia se encierran muchísimas otras, y cuando se vive de ellas, entonces se ven.

 

La Contemplación, su fondo interior, es amor.

Sus Intimidades Dios las da.

 

Leo sobre lo mala que es la tibieza. Después de otras muchas cosas que dice antes y después, pone este ejemplo: “Es cierto que cuando una olla está hirviendo, no se llegan a ella las moscas, mas después que se enfría, se llegan a ellas todas”

Cuando un alma tiene fervor, todas las tentaciones huyen”

“Cuando un alma está tibia, todos los demonios le dan guerra”

 

Para evitar la tibieza pensemos en Dios siempre. Tener presente el pensamiento de la muerte. Hacer lectura espiritual. Tener oración vocal. Guardarse de los pecados veniales, que apagan la devoción y el fervor. Pedir espíritu de devoción. Determinarse a no dejar los ejercicios espirituales, se esté seco o se esté devoto. Procurase siempre consejo de hombres espirituales y devotos que le guie, y no vaya descuidado a pasar donde no piensa.

 

“¿Cuál es la diferencia entre el religioso que sirve a Dios y el que no le sirve?

La diferencia es breve de saber. Que el religioso que sirve a Dios tiene aquí gloria de mayor perfección. Y, por el contrario, el que no sirve a Dios, tiene acá el infierno, y después infierno perpetuo de mayor corrupción.

 

El descuido del corazón es la madre de la tibieza.

Queréis cumplir con Dios y con el mundo

Queréis que os ame Dios, y vosotros no queréis amarle a Él.

Queréis parlar de día cuanto pudiereis, y queréis venir de noche a rezar.

El pecado venial es la puerta del pecado mortal”

 

Es cierto que más de llorar es lo del religioso flojo, que lo del pecador engolfado en vicios, porque éste que pena y anda en el camino dela perdición. Pero el religioso que no lo es de costumbre, sino de hábito, con su vana confianza va a parar al infierno.

 

 

Día 23-3-1981

 

Como estoy de retiro espiritual, he leído sobre la tibieza. Me ha impresionado mucho porque veo que, si uno no está con mucho cuidado, es muy fácil hacerse tibio, por dejarse llevar de la rutina, de la vida cómoda, etc., y no llevar la vida espiritual con el fervor y amor a Dios con que hay que llevarla.

Me da mucha pena que, luchando por dar más amor a Dios, en vez de subir a mayor amor, bajemos a veces, por dejarnos llevar de pequeñeces, y así llegar a ser uno tibio, haciendo las cosas con frialdad, con desgana, en vez de poner todos nuestros cuidados y afanes, en dar a Dios y amor puro, fiel y generoso.

¡Señor, Tú me enseñas eso en la Cruz!

La Cruz me enseña a ser humilde, a ser generosa con todos, a sufrir callando, a vivir según Tú llevaste tu vida. Y todo lo tengo que hacer por amor a Dios, y por este amor, amar a todos los demás.

Es mucho más mérito, el darse que el dar. Hay muchos que dan, pero pocos que se entregan dándose por amor a Dios, y por este amor, a los demás. El no mirarse, el no saber el hombre quien es, acarrea un mal grande, que es la soberbia, la presunción, tenerse en mucho pensando que se es algo. En cambio, el haber conocido lo poco que se es, el haber venido a conocimiento de cosa tan baja, acarrea desmayo.

Nunca vi seguridad del alma, sino en el conocimiento de si misma. No hay un edificio seguro, sino no es hecho sobre hondo cimiento. No veo que haya rato mejor gastado, que el reprenderse, que en entenderse a si mismo. Sino seremos como una casa sin luz, como una medida sin medida y sin regla, y por tanto, falsa. Y finalmente, hombre sin hombre. En esto cae el hombre que no se conoce ni se examina. Pues, quien no se conoce, ni se puede regir como hombre, ni se ve, ni se posee a si mismo. Y como sepa dar cuenta de otras cosas de si mismo, no sabe parte ni arte. Estos son, los que olvidados de si, tienen mucho cuidado de mirar vidas ajenas, mientras teniendo los ojos cerrados a sus defectos. Estos tienen cien ojos ajenos, velando para saber lo ajeno.

 

 

Día 30-3-1981

 

Tengo que trabajar mucho para tener más suavidad cuando hablo. Así me lo ha dicho la Superiora. Sentí mucho haberme puesto a discutir con la Superiora. ¡Lo he sentido mucho!

La Superiora representa a Dios. Quien soy yo para discutir enfadada. Me ha durado mucho esta pena. Me humillo y pido perdón. Comprendo que me vienen muy bien las humillaciones, enseñan mucho la nada que soy, y que lo bueno que tengo se lo debo al Señor.

Hoy me propongo tener muy presente, a ver si lo consigo, pensar mucho en como Dios habita en mi alma, tener presente esta Presencia de Dios en mi alma por la gracia. Hacer las cosas pensando en Él, haciéndolas por su Amor. Pensar que Él me está mirando siempre con Amor, ver como correspondo a este Amor.

Esta presencia de Dios en mi quisiera que fuese continua, y en ella darle amor, pero un amor generoso y fiel.

El padre Arintero escribía:

“Puntualidad y fervor en todo. No faltar más con tibiezas e infidelidades. Silencio en desprecios y contradicciones. El primer paso que debemos de dar en nuestra renovación, es el de violentarnos para renunciar a nuestros desordenados gustos.

Solo así es como podremos emprender de veras el camino espiritual.

 

 

Día 4-4-1981

 

El Señor ha querido que piense en esta Presencia suya en mi alma.

¿Cómo me lo hace sentir, experimentar? ¿Cómo me da estos deseos tan grandes de entrar en mi interior y vivir esta Presencia de Él con sus intimidades?

Yo tengo que procurar vivirla con la mayor fidelidad posible. Confío en la gracia del Señor para vivirla según sus deseos. Estos día pone el Señor todavía mayores deseos para que la viva. Para ello mi vida tiene que ser de mucha abnegación y amor a Dios. Para ello tengo que estar muy sobre mi en todas mis acciones, y el Señor así, me ayudará con su Divina Gracia.

Así lo espero Señor, por tu gran Misericordia.

Al darme el Señor estos deseos de vivir pensando como mi Dios Amor habita en mi alma por gracia y amor, me da a entender que es para ayudarme mi vida de perfección. Yo así lo veo.

Quien mejor que Él puede hacer de mi esto, siendo yo tan distraída y faltándose tanto para llegar a ser verdaderamente fervorosa. Para todo confío en el Señor, pues me veo la misma nada.

Ayer tuve una humillación de la Superiora, nuestra santa madre. Doy gracias al Señor. A lo primero me costó serenarme, pero luego reaccioné y quedé dando gracias a Dios porque veo que me trata con amor,

Necesito mucho que me humillen, y como yo quiero ser humilde, tengo que dar gracias a Dios cuando se me humilla. Porque para llegar a ser humildes, hay que pasar y recibir bien las humillaciones. Y dar gracias a Dios porque con las humillaciones nos enseña lo que somos, y en ellas reconocemos que estamos llenos de soberbia si no las recibimos como un regalo de Dios.

 

 

LO MALO QUE ES ADULAR A LAS PERSONAS

 

Es engañarlas y hacerlas creer lo que no son, sobre todo si es espiritualmente. Dios nos tomará cuenta de nuestra falsedad, al mentir adulando a una persona.

Quién sabe si el Señor nos tomará cuenta por engañar así a una persona, y tal vez esa alma no haya llegado en el Cielo tan alto, por haberse dejado engañar. Y a la otra le pase lo mismo, por haber engañado.

En la adulación no se juega limpio. Hay veces que se va detrás de un favor que se busca de alguna conveniencia personal, de un engreírse pensando que se sabe más de la otra. Por eso, cuando no se puede decir una verdad por delicadeza, o por varios motivos, creo que lo mejor es callar. Este callar hará pensar al otro, y puede que entonces se de cuenta de la verdad.

La verdad nos suele molestar, pero creo que es de agradecer. Dice Santa Teresa: “Cuando hablen bien de ti, ponte triste, y cuando hablen mal, créeles”.

Tal vez, al hablar mal de nosotros, nos dicen una verdad, que de otra forma no se habrán atrevido a decirla.

 

 

BETANIA

 

Pensando en cómo iba Jesús a Betania, el Señor me da a entender, que iba allí a ratos, y que en mi alma, por la gracia, está siempre.

¡Gracias mi Dios Amor!

 

Jesús se deja clavar en un madero por mis pecados

 

¡Cuanto sufrió Jesús cuando le taladraron sus Manos y sus Pies con los clavos! ¡Con aquellos golpes de martillo que le torturaron a Él y Nuestra Madre, la Santísima Virgen María! Ella los escuchaba y sabia, y sentía que eran los Pies de su Hijo los que estaban siendo traspasados.

¡Que dolor para su Corazón el oírlos! Después, después de que Jesús murió, Ella los seguía oyendo, y torturaban su cabeza y su alma de una forma indescriptible. Por eso reparamos a Nuestra Madre con nuestros rosarios, para borrar lo más posible de sus oídos y de su alma, ¡aquel sonido terrible de los martillazos sobre los clavos que traspasaron a Jesús! ¡Que poco es una vida para reparar!”.

Y todo lo sufría callando por mi, por mi orgullo, por mi vanidad, por mi amor propio, por aquella inmodestia, por aquél desprecio a otros, por creerme más que los demás, por aquél pecado que cometí (cada uno sabrá el suyo), por mis faltas de convivencia, por mis faltas de humildad, por mis desobediencias, por no ser comprensiva, por no ayudar al que me necesitaba, por dejarme llevar de mis gustos y caprichos, y muchísimas faltas y pecados que cometimos y que cometemos por no llegar a examinarnos y conocernos mejor. Por nuestra falta de conocimiento propio, que por no examinarnos, nos hace cometer tantas faltas. En parte pueden llegar a ser involuntarias, pero hay veces que sí lo son.

Para todo se necesita la gracias de Dios. Hemos de pedírsela a Jesús con toda humildad, porque al conocer nuestras debilidades, conociéndolas así, nos podremos corregir de ellas. De esta forma el alma irá siendo más limpia a los ojos de Dios, y Él nos mirará con más amor.

Decir también algo que enfría mucho el alma, y es el afán de noticias. “No se nos olvide que Dios ama más el silencio que el incienso, y que, sin ese silencio interior, y también exterior, en la medida de los posible en nuestro estado, es difícil que encontremos a Dios. Aunque bien es cierto que si Él quiere que le encontremos, saldrá a nuestro encuentro y se hará oír. El Señor no tiene barreras, confiemos siempre en Él y comprendamos que silencio Él espera de nosotros, a que llama Él silencio”.

Los buenos deseos hacen de los pecadores, buenos, de los buenos, perfectos, y de los perfectos, santos”.

La Pasión del Señor, cuanto nos enseña. Es un libro abierto.

Jesús, con los Brazos en cruz, dispuesto a abrazarnos si vamos arrepentidos.

“Nos enseña a sufrir, sufriendo Él por nosotros”.

“Nos enseña a amar, dándose Él por nuestro amor”

“Nos enseña a perdonar, aunque nos injurien sin razón”

“Nos enseña a mirar con amor, a los que no nos aman”

“Jesús en la Cruz abre su Corazón Divino, enseñándonos su Amor, para que con nuestro arrepentimiento, entremos en Él, y Él así abrazarnos con su perdón, por amor”.

 

¡Que soy yo sino un vil gusano para que Dios se deje clavar en la Cruz por mi amor!

 

Quiero hacer mi vida sin que nadie me ate, para dar amor a mi Dios Amor, por las Constituciones de la Regla, y la obediencia según me la mandan y enseñan. No quiero que me ate el complacer a una hermana, y por ello faltar a la caridad. No dejarme llevar de mis gustos para parecer mejor ante los demás. No dejar de hacer lo bueno según las constituciones o la obediencia, porque se rían de mi por beata, etc …

Estos días procuro leer y pensar en la Pasión y Muerte de Nuestro Salvador, pero lo hago forzándome mucho, y por estar en Semana Santa, que es tiempo para ello. Pero si pienso como está Dios en mi alma por amor, enseguida lo siento en mi interior con un recogimiento dulce y amoroso que yo no lo puedo proporcionar si no me lo dan. Esto me hace volar a un diálogo con Dios, donde Él me dice y da a entender cosas de su Amor. Todo esto sin ninguna preparación por mi parte.

¡Cuánto nos ama el Señor y como está en nuestras almas por la Gracia! Con es su Amor que brilla, por su Divina Presencia en el alma. ¡Con Divina Luz y Amor para que veamos mejor su Amor!

¡Cuánto me ama el Señor, y que consuelo y gozo encuentra en mi alma, donde los dos unidos, gozamos del mismo Amor! ¡Porque a mí me hace gozar de Él en su gozo de Amor! ¡¡Dios es Amor!!

Y cuando así se comunica al alma, se da a conocer como es, Amor.

Y también es Amor, cuando nos prueba con tribulaciones, trabajos, enfermedades, y tantas cosas. Entonces nos prueba para saber si le amamos y si es verdadero nuestro amor. Porque en los momentos de consolación es muy fácil el amor. ¡Dios siempre es Amor!

 

 

Día 3-5-1981

 

Hoy después de la Sagrada Comunión he sentido la Presencia de Dios. Diremos que me ha visitado el Señor de una manera especialísima.

¡Gracias Señor por tu Divina Presencia llena de Amor!

No hay presunción en el buen deseo de comulgar por dar gusto a Dios y alimentar y fortalecer nuestra pobre alma.

 

 

Día3-5-1981

 

DÍA DE LA MADRE

 

Después de la Sagrada Comunión, cuando menos lo esperaba y lo pensaba, ni me acordaba de estas cosas, ni yo me lo podía producir, sentí la Presencia de Dios. De momento no me di cuenta de lo que era, tal vez estaría distraída, pero enseguida pensé que era Dios, pues se dejó sentir muy profundo en mi alma. Oí enseguida que me decía, y era Dios el que me hablaba:

 

Ves como estoy contigo. Ves como eres mía. Ves como tu alma me es agradable. Ves como me recreo en ella. Ves lo unidos que estamos. Ves como gozas de mi gozo por lo unidos que estamos”.

 

Yo me sentía una con él. Así lo veía, y que todo lo que me decía, era verdad. Yo le decía: Señor, yo no soy nada para que me trates así, no valgo nada, todo lo espero de Ti.

El Señor me decía: “Porque te ves nada, y no vales nada, y todo lo esperas de Mí, por eso me complazco en tu alma, por amor, por los grandes deseos que tienes de Mí. Las gracias que he dado a otros, ¿no te las puedo dar también a ti? Soy el mismo, tu Dios Amor. Cuando preguntas estas cosas a la Superiora, o a tu director, nadie te niega que te las puedo dar a ti. ¿Porque no me crees? Los libros te dicen lo mismo que Yo te hago sentir. Lo mismo que te digo, te lo doy a entender, te enseño. ¿Por qué dudas? ¿Qué más pruebas quieres? Algunas veces me has visto. ¿Vas a ser como Tomás, una incrédula? Dime que más quieres”.

Señor, gracias por todo lo que me das. Señor, deseo amarte con humildad, con pureza, con sencillez, esperarlo todo de Ti, porque yo me veo nada para tanto como te quiero amar. Tú Señor lo sabes todo, ayúdame para que te pueda amar según tus deseos y los míos.

 

En estos momentos el alma que, abstraída de todo, no pierde el conocimiento de lo exterior, pero es como si lo perdiera, porque no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor. El alma está absorbida en Dios y atenta al diálogo con su Dios Amor.

Que fuerza tiene esta Presencia amorosa de Dios, que al dejarse sentir así, hace del alma lo que quiere, sin dominarla. Se gana la voluntad del alma y esta se ofrece por amor a Dios, a lo que Él quiera de ella.

Estas cosas, si no se experimentan, es difícil entenderlas, porque son difíciles de explicar. Más que difíciles, no se puede llegar a dar una explicación, por no haberla.

 

 

Día 9-5-1981

 

Hoy siento esta Presencia de Dios. Me siento tan unida a Él, como si los dos fuésemos uno. Siento como que algo está unido a mi alma y me une con Él, haciendo de los dos, uno.

Soy feliz porque Dios me hace feliz en Él, con Él. Su felicidad me hace feliz a mi. Yo soy feliz en Dios, porque Él me hace sentir su felicidad en mí.

 

Rezando Laudes, leo como Dios, después que resucitó, visitaba a algunos. Estos fueron testigos de su Resurrección.

Así Él me da a entender, que Él también visita con su Divina Presencia cuando así se hace sentir en mi alma. Así puede decir con verdad, como Dios visita a las almas, haciéndolas sentir su Divina Presencia.

A Dios por la gracia siempre le llevamos en alma, pero esta visitas son una manera especial de dejarse sentir en el alma amorosamente.

 

La lección busca. La meditación halla. La oración pide. Pero la contemplación gusta”.

Y goza de aquello que buscó, pidió y halló.

 

“Buscad leyendo, y hallaréis meditando”

“Llamad orando, y os abrirán contemplando”

 

 

 

Día 12-5-1981

 

Muchas cosas me ha hecho ver hoy el Señor en la oración, sobre todo sobre una gracias. Reconozco que nada merezco y así se lo digo al Señor.

Él me da a entender que no me lo da porque lo merezca, sino por su Bondad y Misericordia.

¡Gracias mi Dios Amor!

 

 

Día 12-5-1981

 

Durante la contemplación el Señor me centra sobre la Contemplación Infusa. Para llegar a ella tenemos que disponer el alma con nuestra vida de perfección lo más posible. Así el alma, limpia y sencilla, transparente y muy humilde, se dispone para que Dios pueda obrar en ella.

Ya sabemos que la Contemplación Dios la da cuando quiere, a quien quiere y como quiere. Pero es más fácil que Dios nos la de, si nos disponemos haciendo lo más posible por nuestra parte, haciendo lo que podamos.

También es verdad que debemos llegar a la vida de perfección, por puro amor a Dios, después dejar que Dios obre en el alma según quiera.

Si Dios ve un alma con intenciones rectas, es más fácil que Dios la de la Contemplación Infusa, pues Él está deseando encontrar almas dispuestas, para poder repartir su divinas gracias.

Todo el que posee la Contemplación Infusa, tendrá una dulzura exquisita para los demás, porque del fondo de su alma tiene que salir la Dulzura Divina que posee por la Contemplación Infusa.

“Dicen que quienes gracias a las inspiraciones del Espíritu Santo han sido elevados a la Contemplación, reciben las arras de la felicidad. Más, para ser así elevados, es menester abstenerse no solo de las malas obras, sino también de los pensamientos inútiles.

Por eso el gran San Agustín clamaba con gran ardor, pidiendo esa perfecta pureza, calma, paz, silencio, gozo y descanso del corazón, como también del alma”.

Deseemos los dones del Espíritu Santo. No por vanagloria pues sería presunción. Desearlos para mayor apoyo de nuestra flaqueza, para mejor fundarnos en la verdadera humildad, y en todas las demás virtudes, para así poder crecer en gracias y conocimiento de Dios, y en todo seguir a Jesucristo.

 

 

Dia 19-5-1981

 

Rezando Laudes, hoy el Señor me hacía entender que así como después de haber resucitado Jesús, se aparecía a los Apóstoles. Las veces que yo he visto a Jesús, no es lo mismo, pero sí una cosa parecida, como para decirme que Jesús vive y nos acompaña en nuestro caminar por la vida. Pues yo veía a Jesús cerca de mi, como una persona con cuerpo material como el mío, y me hablaba.

Esto me recuerda a los discípulos de Emaús, pero no es lo mismo. Estos lo reconocieron al partir el pan. Yo, aunque veía a Jesús con toda claridad, solía pensar que eran fantasías mías, pues nunca me considero digna de tan grandes gracias.

 

 

DIOS SE DA.

 

En los momentos que Dios recoge mi alma amorosamente, Él se da a entender y enseña su Doctrina. Es como si dijera: así Yo te trato a ti, trata tu así a los demás sin llegar a recordarles nada de sus faltas.

Otras veces Dios recoge mi alma llenándola de dulzura y suavidad, por la unión que tiene con el alma. Así se da a conocer. Dios da lo que Él es, pues si Él no fuese así, no podría dar lo que no posee. El alma que esto recibe, debe de ser dulce, suave, reflejando esa Presencia interior de Dios que le enseña y alimenta su alma de lo que Él es y posee. Es como si Dios hablase por medio de ella, y esa así, pues esa dulzura le viene de Dios, que con su Divina Presencia en su alma, se la da. No es cosa suya.

Yo diría, que siempre que Dios me da algún conocimiento particular de Él, suele ser recogiendo mi alma profunda y amorosamente. Unas veces más y otras menos.

A mí me entusiasma este conocimiento que Dios de Él en mi alma. En este conocimiento, Dios da un conocimiento especial interior y exterior, para mejor comprender las enseñanzas de Jesucristo, y como ponerlas por obra. Además, da mucha fuerza para ellos, si el alma quiere corresponder a la Divina Gracia.

“Dios a un alma humildes la mira con su amor. Si queremos que Dios nos mire con amor, tenemos que ser humildes, y cuanto más humildes seamos, más Amor de Dios tendremos”.

“Sin embargo muchos se preguntarán como llegar a ser humildes, y cada vez más humildes. La humildad es una gracia de Dios que el hombre recibe de Él y que nunca consigue por méritos propios, pues los únicos Méritos que cuentan, son los de Nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo. La humildad fue la gracia que encantó a Dios en la Anunciación: “Porque miró la humildad de su Esclava”. Si queremos ser humildes, y cada vez más humildes, porque humildad es verdad, tenemos que pedir esta gracia a Nuestra Madre, la Santísima Virgen María. Ella, Medianera de Todas las Gracias, nos la conseguirá de Dios, si nos disponemos a ello con amor a Jesús, su Divino Hijo. No hay gracia, por pequeña o grande que sea, que Dios no dé a través de su Madre, de Nuestra Madre. No nos inquietemos, ni nos abandonemos a lo imposible. Con Ella todo es posible, solo es necesaria una cosa: PEDIR”.

“Estas inestimables visitas del Señor que tanto bien tienden a hacernos que nos permiten ya tratar familiarmente con Él, pueden tener tenerse en algún modo en toda oración devota, aunque en realidad se tienen, aunque apenas se advierta.

Cuando esta oración sea del todo fervorosa, ya que este fervor lo sentimos y lo gozamos cuando Él nos lo da, y no cuando nosotros lo queremos y procuramos.

Este ardor -dice San bernardo- es la señal de la Presencia del Señor, el cual de este modo viene a encendernos más y más en su Amor, y mostrarnos la complacencia que tiene de vernos conversar así con Él, de conversar afectuosamente.

Este es el fin para el que has de pedir las visitas de Dios y las gracias que de ellas proceden. No por las dulzuras que traen, sino para que el mismo Dios sea glorificado en ellas, y tu quedes alentado a trabajar, haciéndote digno de recibir otras muchas mayores para servirle más con ellas.

Así entiendo yo, por lo que he podido experimentar, que el Señor da un toque al alma para prepararla, algo que le da un recogimiento especial tanto interior como exterior. Así queda el alma dispuesta para tratar con Dios.

En estos momentos el alma no es dueña de si, sino que está dispuesta para lo que Dios desee de ella, y esto se ve con toda claridad.

Todo esto hay que recibirlo con mucha humildad -y también confianza pues es nuestro Señor el que nos lo da, y si nos lo da, siempre es bueno para nosotros- pues el alma no merece estas gracias. Dios las da por su Gran Misericordia. Hay veces que las da porque son almas muy débiles y necesitan que Dios las ayude para poder alcanzar sus deseos de ser toda de Dios”.

“En realidad hacer oración, ponernos en Presencia del Señor es algo sencillo y casi, digamos, instantáneo. Recojámonos en nosotros mismos, cada uno donde pueda, pero siempre procurando el silencio y la soledad, aunque ni el silencio y la soledad son necesariamente imprescindibles. Recojamos nuestros sentidos, como si de cerrar nuestra casa se tratara. Nos ponemos en la Presencia de Nuestro Señor, y sabiéndonos nada ante Él, le pedimos perdón de nuestros pecados y llamarle con amor y confianza. Él vendrá, y aunque no le veamos, ni le sintamos, ni comprendamos como, Él será Amor en nosotros, y esa oscuridad y soledad que sentimos en nuestros interior así recogidos, Él lo cambiará en luz y esperanza, en consuelo y paz, en fortaleza y en innumerables gracias para la Iglesia Universal, Purgante y Militante, y para nosotros mismos.

El Señor nunca nos dará algo que nos pueda dañar, por eso afirmemos con confianza, que la sequedad, la aspereza y la aparente oscuridad que sentimos en la oración, son grandes y sublimes gracias, y muchas veces más provechosas para nosotros que si en ella llegásemos a contemplar su Bendito Rostro.

Dios solo cuenta hasta uno, y ese Uno es Jesús. Él quiere ver a su Hijo Amado en nosotros. Todo lo que no sea Jesús en nosotros, Dios lo rechaza. Por eso la Eucaristía, por eso la Transustanciación en la Inmaculada (San Moximiliano Kolbe -”Mujer ahí tienes a tu hijo (Hijo), hijo ahí tienes a tu Madre”-).

Dios Padre busca a su Hijo en nosotros y cuando lo encuentra, vuelca un sin fin sin medida de gracias y la envuelve y penetra con el Amor. Y así éste alma, sin ella notarlo y solo saberlo por la fe, queda unida a Cristo de manera inefable y perfecta, para esa Unión con Él, que es su único fin y para lo que ha sido redimida y creada.

Encontrar a Dios en nuestro interior es tarea casi instantánea, pero ese encuentro no han de compartirlo necesariamente nuestros sentidos, sino el alma y lo que el Señor quiera disponer. Dios es Amor y busca amor en nosotros.

Acudamos al gran maestro de la vida interior que es nuestro padre y señor San José. Invoquémosle antes de ponernos en la Presencia de su Hijo. Él y su Esposa, nuestra Madre la Santísima Virgen María serán nuestra luz y guía en este consuelo y arma de todo cristiano, que es la oración”.

 

Dice San Pedro de Alcántara: “Dejar la meditación por la contemplación”.

“En este tiempo deseche el hombre todas las imaginaciones que se le ofrecieren, no especulando por entonces cosas particulares de Dios.

Conténtese con el conocimiento que de Él se tiene por la fe, y aplique la voluntad y el amor.

Enciérrese dentro de si mismo, en el centro de su alma, y esté atento como quien escucha. Aún de si mismo y de lo que hace, se debería olvidar, porque como decía uno de aquellos padres: “Aquella es perfecta oración, donde el que está orando, no se acuerda de que está orando”.

 

Tengamos presente el Temor de Dios, primer Don del Espíritu Santo. El Temor de Dios es el principio de la Sabiduría. En verdad es entonces cuando el alma empieza a gustar de Dios, cuando Él la imprime el Temor. Pues el Temor de Dios hace al hombre cuerdo, así como el don de Ciencia le hace entendido.

La diferencia de este lugar y el primero está en que el primero nos acerca a la Sabiduría mediante las consideraciones de las obras de Dios. El segundo nos introduce en ella mediante en ella mediante la Luz Infusa. En uno está como Maestro. En el otro como Juez. Pero hay un tercer lugar en que se muestra como Esposo. Ahí reina la tranquilidad, ahí es donde se ve la Misericordia de Dios con los que le temen.

La verdadera oración, dice San Francisco de Sales, es cierto trato y conversación del alma con Dios. Así también Dios nos habla recíprocamente a nosotros.

“Tu hermano, si quieres mejor acertar, busca a Dios en tu corazón. No salgas fuera de ti mismo, porque más cerca está de ti, y más dentro, que tu mismo”.

 

 “Quien me sigue no anda en tinieblas (Jn., 8, 12), dice el Señor”.

“Estas palabras son de Cristo, con las cuales nos amonesta que imitemos su vida y costumbres, si queremos verdaderamente ser alumbrados y libres de toda la ceguedad del corazón. Sea, pues, nuestro estudio pensar en la vida de Jesucristo. La doctrina de Cristo excede a la de todos los Santos, y el que tuviese espíritu hallará en ella maná escondido.

Mas acaece que muchos, aunque a, menudo oigan el Evangelio, gustan poco de él, porque no tienen el espíritu de Cristo. El que quiera entender plenamente y saborear las palabras de Cristo, conviene que procure conformar con Él toda su vida.

¿Qué te aprovecha disputar altas cosas de la Trinidad, si careces de humildad, por donde desagradas a la Trinidad? Por cierto, las palabras subidas no hacen santo ni justo; mas la virtuosa vida hace al hombre amable a Dios.

Más deseo sentir la contrición que saber definirla.

Si supieses toda la Biblia a la letra y los dichos de todos los filósofos, ¿qué te aprovecharía todo sin caridad y gracia de Dios.

Vanidad de vanidades y todo vanidad (Eccl., l, 2), sino amar y servir solamente a Dios. Suma sabiduría es, por el desprecio del mundo, ir a los reinos celestiales.

Vanidad es, pues, buscar riquezas perecederas y esperar en ellas.

También es vanidad desear honras y ensalzarse vanamente.

Vanidad es seguir el apetito de la carne y desear aquello por donde después te sea necesario ser castigado gravemente.

Vanidad es desear larga vida y no cuidar que sea buena.

Vanidad es mirar solamente a esta presente vida y no prever lo venidero.

Vanidad es amar lo que tan presto se paso: y no buscar con solicitud el gozo perdurable

Acuérdate frecuentemente de aquel dicho de la Escritura: No se harta la vista de ver ni el oído de oír (Eccl., 1, 8). Procura, pues, desviar tu corazón de lo visible y traspasarlo a lo invisible, porque los que siguen su sensualidad manchan su conciencia, y pierden la gracia de Dios. (Imitación de Cristo. Tomas Kempis. Libro 1, 1-4).

 

“Oh dulce amador de las cosas limpias, pues Tú sabes Señor, que yo de mi ninguna cosa puedo, extiende tu piados Mano sobre mi, y hazme salir de mi, para que así pueda pasar a Ti”.

 

Observa el padre La Fuente, que sin las cruces fácilmente puede vencer la soberbia, la presunción, la vanagloria, etc …

 

 

Día 1-6-1981

 

Señor, no me encuentro bien, me veo tan nada que no tengo fuerzas de pedirte sufrir. Pero sí te diré que me conformo con tu Voluntad para todo. Cuento con tu Gracia y Amor, pues sin Ti nada soy.

El Señor me llena de sus consolaciones. Ellas me dan una fuerza grande para ser de Dios como Él quiera.

Yo creo que al verme el Señor tan poca cosa, Él viene y me da fuerzas con su Divina Presencia, como diciéndome: no tengas miedo, estoy contigo. Y siento esa Presencia Divina que me da fuerzas y me ayuda.

Señor, si Tú no subiste al Cielo sin haber sufrido la Pasión, es justo que también suframos para ir contigo al Cielo.

Tú Señor sufriste sin culpa, yo con culpa. Tú por amor a las almas, yo por mis muchísimos pecados.

Señor, cuanto se puede sacar de esta consideración, viendo como Tú sufres por nuestro amor, para que nosotros sepamos sufrir por amor a los demás, y ello por amor a Ti.

 

Parece que el Señor me está diciendo: Sufre por mi amor, que to también por amor sufrí por ti.

Señor, enséñame a sufrir, que sea generosa en el sufrimiento, dándote mucho amor con él. Acuérdate Señor de que para todo te necesito.

Señor, quiero ser humilde, con una humildad verdadera. No sólo reconociendo mi nada, sino llevando las humillaciones con humildad y por tu amor.

Que las humillaciones me enseñen a ser humilde.

 

 

Día 8-6-1981

 

Dios mío, si mis deseos son realidades, mi deseo en amarte con la mayor perfección en la forma que Tú quieras. Ya sabes mi Dios Amor, que nada puedo por mi, así que todo lo espero de Ti, mi Dios y Señor.

A mi me parece que Tú me pides un vencimiento a mis gustos, a mi mismo, con un dominio de mi alma lo más posible, para ser fiel a Ti Señor. Privarme de lo que más me gusta, pero el padre que me dirigen, no siempre. Yo busco darte amor, pero comprendo que no te lo doy todo con la generosidad que te lo tengo que dar. Mis ansias de Ti son grandes, pero mis hechos muy pequeños.

 

LOS DESEOS

 

Esta especie de beneficios quieren ser ofrecidos por llamamientos, proposiciones y solicitudes. Sin fuerza, sin violencia, y esta es la razón por qué se hace a manera de deseos y no de querer absoluto.

Esto me anima mucho, porque los deseos aquí tienen su valor, pues según entiendo, veo que los deseos son ya como un llamamiento a la vida de perfección. En nosotros está responder a estos deseos, con nuestras buenas obras y confianza en el Señor, para poder llegar a que nuestros deseos sean realidades, llegando al Puro Amor a Dios.

Señor, después de lo que me dijeron ayer de que eres Inmutable, y es así verdad. Pero yo dejo eso y pienso en como me amas y buscas mi amor. Y en como te das a conocer, que eres Amor. Y como me das a tu Divino Hijo por Amor. Y para que por medio de Él lleguemos a ser hijos tuyos.

Todo esto es para mi muy consolador, pues yo me apoyo en tu Amor, y vivo, y quiero vivir según los de seos de tu amor. Por lo menos así quiero vivir, dándote amor.

Ayer me dijeron que cada vez que me mueva, diga: ¡Por tu Amor!. Esto indica que te quiero dar amor, y que este recuerdo de darte amor, me ayude a recordar tu Presencia Divina, a vivir tu Presencia con más amor, lo que vaya a hacer, hacerlo con mayor perfección por tu amor.

Sin embargo que nuestros deseos no sean como esas buenas intenciones que se desvanecen como el viento al primer momento de lucha, de contrariedad. Nuestros deseos no son más que la chispa que bien aplicada, enciendo un fuego con el que nos calentaremos nosotros y todos los que a nuestro alrededor están”.

 

 

SU ÍNTIMA COMUNICACIÓN

 

Si pues nuca llegamos a merecer y conocer su íntima comunicación, es porque huimos muchas veces de su compañía, por no resolvernos a entrar en la estrecha senda, por la angosta puerta de la continua abnegación, o porque no perseveramos en seguirle e imitarle fielmente, abrazando con amor la cruz de cada día.

Por solo esto es por lo que no acabamos de gustar por experiencia, como gustan todos los santos, cuan suave es el Señor, cuan llevadero es su yugo, cuan ligera y dulce su carga, y cuan inefablemente y dulce su trato que es gloria anticipada, donde en este destierro mismo se embriaga ya el alma en torrentes de delicias divinas.

Todo esto me lo hace ver así el Señor. Tenemos que disponernos con un alma limpísima. Después de esta limpieza de alma es cuando nos encontramos con Dios, que nos espera con amor. Así me lo hace experimentar a mi, mi Dios Amor.

Este sentir la Presencia Divina, ayuda mucho para la vida espiritual, pues Dios se da a conocer y a entender, de forma que el que lo experimenta, lo entiende fácilmente. Para todas estas cosas se necesita una vida de perfección sin faltas voluntarias, tener grandes deseos de ser de Dios, cueste lo que cueste. ¡A cualquier precio quiero tener a Dios contento!

 

 "¡Cómo ignoráis vosotros la Fuerza de vuestro Dios! ¿Tenéis miedo de conocerlo puesto que Lo buscáis tan poco? Pero la alegría de vuestras almas está en el comercio habitual con vuestro Creador y Salvador. Abandonaros a Dios, haga Él lo que hiciere, dejaos llevar y secundad con celo Su Soplo.

Tú ven a Él con entusiasmo; El tiene todas las respuestas para tus necesidades de cariño, de reposo, de inteligencia. Pero vuestros pensamientos son cortos. Prolongad cuando menos vuestros deseos a fin de alcanzar el nivel superior donde el Espíritu os aguarda para haceros subir aún más.

Pero que todo se haga en alegría, pues la alegría aumenta la Gloria de Dios. Un padre de familia no estaría contento si sus hijos fueran a presentarle sus obsequios por temor y con rostro sombrío. Dilata tu corazón, Mi pequeña, cuando te acerques a Mí, como una niña feliz. Tú piensas 'El me pide siempre sonrisas interiores'. Pues, ¡sí! ¿Me creerás si te digo que siendo Dios como Soy necesito de la sonrisa de los hombres y experimento una urgencia extrema de que sean felices? Esto no lo podéis comprender; ni siquiera resistir semejante pensamiento. Cree. Es Mi Amor el que te habla y hay que escuchar Mi Voz por encima de toda otra voz."

Gabriela Bossis. El y Yo. 1653. 13 de noviembre.

 

 

 

 

LA CONTEMPLACIÓN ANSIA DE TODOS LOS SANTOS

 

La Contemplación -dice a su vez San Francisco de Sales- “no es otra cosa que sino una amorosa, sencilla y permanente atención del espíritu a las cosas divinas”. Y añade – “El vino de la contemplación solo se da a gustar a los amigos, y a los muy amigos se les da hasta embriagarse”.

En pocas palabras está muy bien dicho esto de la contemplación. Cuando añade a los muy amigos, a los de vida perfecta, a los limpios de corazón, a los humildes, a los sencillos, son los que no escatiman nada de los que les pide el Señor. A estos, a los muy amigos, se les da hasta embriagarse. Todo esto es precioso si se fija uno en lo que dice y en lo que quiere decir.

Procuremos ser de los muy amigos del Señor, y acompañarle tanto en el Tabor, como en el Cruz.

“Este gusto de Dios -dice el padre Gron- esta ciencia experimental, ha siso objeto de los deseos y ansias de todos los santos, pero para que Dios se comunique así, hay que entregarse enteramente a Él, pues no concede tan señalada gracias, sino a sus caros amigos”.

 

Hoy se deja sentir el Señor dulce y suavemente en mi alma. Que fáciles se ven entonces todos los sacrificios que nos pueda pedir el Señor, y con que gusto el alma se los quiere dar por puro amor.

Estas visitas del Señor tienen la particularidad de que lo difícil lo hacen fácil, y lo que es costoso, se da con gusto. Esta fuerza que da Dios así, si no se experimenta, no se puede explicar, el alma sale cambiada y dispuesta para lo que Dios la pida.

Sus gracias Dios las da.

Sus intimidades Dios las da.

Gracias Señor por todo.

 

 

DIA 26-6-1981

 

He de procurar vivir con la mayor fidelidad posible. Cuantas menos faltas haga, más cerca y unida viviré con el Señor, al cual le gustan los corazones limpios. Así cumpliré mejor el voto que tengo hecho de hacer las cosas con la mayor perfección.

Dios me pide una cosa, y cuando se la estoy acabando de dar, me va pidiendo otra. Así me va despojando de todo lo que es estorbo, así vivir Él en mi alma, sin que haya tropiezos que le sean desagradable, y encontrando mi alma más limpia, y así Él poder vivir mejor su Amor en mi.

Yo Señor te doy con gusto lo que quieras, y así ir dándote mi amor más limpio y agradable a Ti, y todo por puro amor a Ti. Cuanto más me propongo, más tropiezos doy. Gracias Señor porque así me humillas. Necesito pasar muchas humillaciones, y recibirlas de tal manera, que sea para mi, una alegría poder recibirlas. Me propongo y deseo tener el alma limpísima. Adquirir más grados de Unión a tu Amor, vivir más unida a Ti.

 

 

  “Después de la comunión, cuando yo Le pedía la consigna del año, Me dijo: “Tu consigna es creer en el Amor. La Fe en Mi Amor. Y como práctica de penitencia: Modera la prontitud de tus acciones. Un tiempo de espera, que será para Mí, antes de que hagas algo.”

Gabriela Bossis. El y Yo. 1049. lº de enero de 1941.

 

 

DÍA 29-6-1981

 

Yo busco a Dios por encima de todo. No busco sus goces ni consuelos, le busco a Él. Si Él me da sus goces, los recibo encantada por ser cosa de Él. Todo lo que es de Él, para mi es gozo.

Si tengo que sufrir, sufriendo por Él, mi sufrimiento lo convierto en gozo. Pero siempre necesito de su gracia, sin ella nada soy. Me veo muy pequeña para mis vuelos de águila. Por eso, en el Señor pongo toda mi confianza y fortaleza, porque mi fortaleza es Dios.

Diré con San Pablo que en mis debilidades soy fuerte, porque el Señor es mi fortaleza.

Sueño con ser toda de Dios, y me veo tan nada para lo que quisiera ser. Por eso digo que sueño, porque no veo en mi las realidades que quisiera ver.

Señor, ayúdame, que quiero ser tuya siempre.

Gracias mi Dios Amor.

 

 “Conviene que aprendas, a quebrantarte en muchas cosas, si quieres tener paz y concordia con otros.

No es poco morar en los monasterios y congregaciones, y allí conversar sin quejas, y perseverar fielmente hasta la muerte.

Bienaventurado es el que vive allí bien y acaba dichosamente. Si quieres estar bien y aprovechar, mírate como desterrado y peregrino sobre la tierra. Conviene hacerte simple por Cristo, si quieres seguir la vida religiosa.

 El hábito y la corona poco hacen; mas la mudanza de las costumbres y la entera mortificación de las pasiones hacen al hombre verdadero religioso.

El que busca algo fuera de Dios y la salvación de su alma, no hallará sino tribulación y dolor. No puede estar mucho tiempo en paz el que no procura ser el menor y el más sujeto de todos.

 Viniste a servir, no a mandar; persuádete que fuiste llamado para trabajar y padecer, no para holgar y parlar. Pues aquí se prueban los hombres, como el oro en el crisol (Sap 3, 6).

Aquí no puede estar alguno, si no quiere de todo corazón humillarse por Dios”.

Imitación de Cristo. Cap. 17. Sobre la vida monástica.

 

 

Dia 30-6-1981

 

Hoy ha venido mi director. Todo lo que le digo, o casi todo, le parece bien. Me dice como debo hacer las mortificaciones. Durante la comida solo una, dos a la mañana, y dos por la tarde. Ahí entran las de la comida y el Rosario, del cual suelo rezar los tres Misterios de rodillas por la Santísima Trinidad. Me gusta mucho recordar a la Santísima Trinidad en las cosas que hago. Procuro que sean tres cositas diarias en honor a la Santísima Trinidad.

Le digo al padre los grandes deseos que tengo de ser de Dios, pero que alomejor serán sueños, porque no veo en mi las realidades que quisiera ver.

Quisiera ser humilde hasta dejarme pisar, pero cuando llego a conseguirlo, ¡cuanto me cuesta!. Yo creo que esas cosas no deben costar cuando uno quiere ser de Dios. Al contrario, alegrarse de ofrecerse así a Dios por amor.

Si una coge el hábito de una virtud, ya no tiene que costar. Para esto hay que trabajar mucho, sobre todo en la oración y mirarse uno delante del Señor, reconocerse nada delante del Señor. Pedir a Dios la ayuda para poder conseguir sus deseos de perfección, y ser así más agradable a Dios, dándole mas fino y puro amor a Él, por ser quien es, amándole sobre todas las cosas.

El sufrimiento llevado por Dios debe ser gozo”.

 

En esta temporada mi oración es de bastante recogimiento exterior e interior. En esos momentos me ofrezco a Dios sin condiciones, pero le digo que sin su gracias, nada soy.

Me veo muy pequeña para mis vuelos de águila. Por eso, pongo en el Señor toda mi confianza. Las cosas de obediencia, de observancia y constituciones, estoy obligada a cumplirlas, si no falto. Pero estas otras cositas que son de devoción, son como delicadezas de amor que ofrezco a Dios. Pero siempre he de ser fiel, y cumplir lo que me obliga, si no falto.

 

   "Cuando en la oración te diriges a Mí rezando Ave Marías, es como si Mi Madre misma te diera la mano para acercarte a Mí."

Gabriela Bossis. Tu y Yo. 2 de agosto de 1940. 940

 

 

“Sabido es que los dones del Espíritu Santo, para su buen ejercicio, reclaman mucha sencillez y pureza en la práctica de las virtudes”

Yo tengo ansias de Ti, Señor.

Yo tengo hambre de Ti, Señor.

Yo tengo sed de Ti, Señor.

Como por la gracia que creo tener, habitas en mi alma. ¡Para qué te voy a buscar a otra parte, si estás en mi!

Yo me recojo en mi interior, para estar contigo Señor. Hablar contigo Señor. Vivir unida a Ti, Señor. Así Tu, Señor, me posees. Yo te poseo y vivimos los dos unidos por amor. Tú me das la vida y los dos vivimos nuestra vida de amor, unidos por amor. Tú en mi y yo en Ti.

 

El que íntimamente vive con Dios, hace obras de Dios. Así las obras son divinas, porque son hechas con Dios.

 

 

DE LA MEDITACIÓN A LA CONTEMPLACIÓN

 

Dice Ricardo de S. Víctor Hugo: “La Contemplación lleva delante de si de ordinario, tres como doncellas que la van abriendo camino, esto es, Lección, Meditación y Oración.

La Lección pone el manjar sólido en la boca.

La Meditación lo rumía y lo quebranta.

La Contemplación es la misma dulzura que recrea y regala el corazón, dulzura que ha conseguido la oración.

Hay pocos contemplativos, porque muchos se ocupan en la Lección, algunos en Meditación poco atenta y devota y nunca perseverante. Y muchos menos en la oración, en que se pide con ansias y deseos. Casi ninguno llega a la Contemplación, donde se gusta cuan suave es el Señor.

Es de suponer que quien llega a la Contemplación, ya procura vivir la vida de perfección.

El Señor aquí nos enseña a tratar a los demás, sin recordarles sus faltas, a tratarles con suavidad y amor, como el Señor nos trata a nosotros en la Contemplación, donde se gusta cuan suave es el Señor.

 

 

DIA 5-7-1981

 

Vengo de comulgar. Antes he sentido un hambre de Ti y unos deseos de poseerte Señor, que cuando ya te he poseído en la Sagrada Comunión, he sido feliz. Aunque por la Gracia te poseo siempre, eso me hace vivir feliz, los dos unidos por amor, Tú en mi, yo en Ti.

Cuando te siento en mi alma tan amorosamente, soy felicísima, porque mi ilusión y mi amor eres Tu, Señor.

Tu Señor me das la vida con tu Sagrado Cuerpo y con tu Preciosísima Sangre, y por medio de tu Divina Palabra, haces que yo viva esa vida.

Por eso Señor, Tú eres todo para mi, yo sin Ti nada puedo, me veo la nada, la misma miseria. Así que todo te lo debo a Ti, mi Dios Amor. ¡Gracias mi Dios y Señor!

Amo muchísimo la Santísima Humanidad de Jesús, pues Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

 

 

 

DIA 7-7-1981

 

El Señor me recoge en la oración, Se está tan a gusto cuando el Señor recoge el alma. Allí solo da deseos de ser más y más de Él. Hay veces que tengo distracciones, pero como no las quiero, las quito cuando me doy cuenta, Creo que estas distracciones me las da el tentador para desviarme de la oración que el Señor me da y en la cual el alma se encuentra feliz.

A mi parece, Dios permite estas distracciones para probar cuanto le ama el alma. Al quitar estas distracciones, el alma se da cuenta, ya va dando pruebas a Dios de un amor generoso y fino. Si este recogimiento fuese más profundo, estas distracciones no existirían.

Esta oración, aunque es bastante profunda, pues queda recogido también el cuerpo, las distracciones que en ella se tienen, si se quitan al darse cuenta el alma, Dios lo ve con gusto, ve su mérito, y ve lo que el alma trabaja y se esfuerza por quitar todo impedimento por agradable que sea, para estar más con el Señor y demostrarle más amor despreciando las distracciones, que si el alma se dejase llevar de ellas, le serán agradables, pero no darían amor a Dios. Por eso, el quitarlas, es una prueba de amor a Dios.

La oración, cuando Dios recoge el alma, deja se doctrina con las enseñanzas de como amarle mejor y con mayor fidelidad. 

Para estas cosas el alma tiene que estar dispuesta a desprenderse de todo lo que Dios la pida, con fidelidad y con amor a Él solo. Si no hay este desprendimiento, el alma no podrá llegar a este trato con Dios, donde Él se comunica al alma dándola a conocer sus deseos de amor y como quiere que le ame.

 

Esta noche oscura -dice expresamente San Juan de la Cruz- es una influencia de Dios en el alma, que llaman los contemplativos: Contemplación Infusa, o Mística Teología, en que de secreto enseña Dios al alma y la instruye en perfección de amor, sin hacer ella nada ni entender como es esta Contemplación Infusa”.

“Esta ciencia sabrosa es la Teología Mística, que es ciencia secreta de Dios, que llaman los espirituales Contemplación, la cual es muy sabrosa pues es ciencia por amor, de la cual es Dios el maestro y el que todo lo hace sabroso”.

“Dios enamora al alma y dejándola en libertad, la hace suya por amor. El alma se entrega libremente a Dios por amor”.

La Mística Teología, que quiere decir Sabiduría de Dios, secreta y escondida, en la cual sin ruido de palabras y sin ayuda de algún sentido corporal o espiritual, como en silencio y quietud, a obscuras de todo lo sensitivo y natural, enseña Dios ocultísima y secretísimamente al alma, sin ella saber cómo, lo cual llaman algunos espirituales “entender no entendiendo”.

 

Señor, pienso que sí será así el entender no entendiendo, porque cuando Tú, Señor, visitas el alma y esta siente tu Divina Presencia, no sabe cómo has venido, no entiende lo que pasa en el alma con tu Divina Presencia, no entiende cómo te retiras. Pero entiende que Tú has estado allí, , que dejas el alma enamorada, llena de Ti, con grandes deseos de ser tuya a cualquier precio.

La has hecho vivir de tu Vida, y te has hecho sabroso a ella. La has dejado la fuerza e tu Amor para que te ame. La dejas llena de santa paz, y el alma ve que la has dejado llena de tus bienes.

¡Gracias por todo mi Dios Amor!

 

En vano nos esforzamos en tener esta presencia de Dios -observa el padre Lallemant- , si Él no nos la da. Es un puro don de su Misericordia. Esta gracia es un fruto de una gran pureza de corazón, conduce al alma a una íntima Unión con Dios.

 

 

Jesucristo:

“Hijo, te es más útil y más seguro encubrir la gracia de la devoción, y no ensalzarte ni hablar mucho de ella, ni estimarla mucho; sino despreciarte a ti mismo, y temer, porque se te ha dado sin merecerla.

No es bien estar muy pegado a esta afección; porque se puede mudar presto en otra contraria.

Piensa cuando estás en gracia, cuán miserable y pobre sueles ser sin ella.

Y no está sólo el aprovechamiento de la vida espiritual en tener gracia de consolación, sino en que con humildad, abnegación y paciencia lleves a bien que se te quite, de suerte que entonces, no aflojes en el cuidado de la oración, ni dejes del todo las demás buenas obras que sueles hacer ordinariamente.

Mas como mejor pudieres y entendieres, haz de buena gana cuanto está en ti, sin que por la sequedad o angustia del espíritu que sientes, te descuides del todo.

Porque hay muchos que cuando las cosas no les suceden a su placer, se hacen impacientes o desidiosos.

Porque no está siempre en la mano del hombre su camino, sino que a Dios pertenece el dar y consolar cuando quiere y cuanto quiere, y a quien quiere, según le agradare, y no más.

Algunos indiscretos se destruyeron a sí mismos por la gracia de la devoción; porque quisieron hacer más de lo que pudieron, no mirando la medida de su pequeñez, y siguiendo más el deseo de su corazón que el juicio de la razón.

Y porque se atrevieron a mayores cosas que Dios quería, por esto perdieron pronto la gracia.

Se hallaron pobres, y quedaron viles los que pusieron en el cielo su nido, para que humillados y empobrecidos aprendan a no volar con sus alas, sino a esperar debajo de las mías.

Los que aún son nuevos e inexpertos en el camino del Señor, si no se gobiernan por el consejo de discretos, fácilmente pueden ser engañados y perderse.

Si quieren más seguir su parecer que creer a los ejercitados, les será peligroso el fin, y si se niegan a ceder de su propio juicio.

Los que se tienen por sabios, rara vez sufren con humildad que otro los dirija.

Mejor es saber poco con humildad, y poco entender, que grandes tesoros de ciencia con vano contento.

Más te vale tener poco, que mucho con que te puedes ensoberbecer.

No obra discretamente el que se entrega todo a la alegría, olvidando su primitiva miseria y el casto temor del Señor, que recela perder la gracia concedida.

No tampoco sabe mucho de virtud el que en tiempo de adversidad y de cualquiera molestia de desanima demasiado, y no piensa ni siente de Mí con la debida confianza”.

Tomas A. Kempis. Imitación de Cristo. Cap.7 -1,2,3-.

 

 

"Cuando entres a la iglesia, que es Mi Casa, deja a la puerta todas tus preocupaciones. Estás en la Casa de tu Amigo, donde nada puede alcanzarte. Piensa en Mí, en amarme y consolarme; dime lo que más agradable te parezca y digno de que Yo lo oiga. Dime toda tu alma, Yo te escucho. Nada hay tan secreto como nuestros corazones, ni los ángeles mismos saben lo que en ellos pasa. Y Yo Soy el más discreto. Desbórdate en la alegría del amor. Nadie sabrá las palabras que Me dices. Este silencio es como el terciopelo del cofrecito que guarda el tesoro. Franquea los límites de tu lenguaje habitual; tus palabras más cálidas serán como flores nuevas sobre las cuales descansaré en el secreto de tu ser. ¡Pequeña creatura, tan amada!

Dame lo que espero de ti. Permanece en Mi Corazón. ¡Es tan fácil agradarme! Yo Soy como un Juez pequeño, ligado por el Amor".

Gabrielle Bossis. El y Yo.  26 de noviembre de 1942

 

 

“Enseña Santo Tomás que la verdadera oración es infaliblemente eficaz, porque Dios, que nunca se vuelve atrás, ha decretado que así sea. Y para que no dejáramos de pedir, el Señor nos mostró con ejemplos sencillos y claros, para que lo entendiéramos bien, que siempre y en todo lugar nuestras oraciones hechas con rectitud llegan hasta Él y las atiende: si entre vosotros un hijo pide pan a su padre, ¿acaso le dará una piedra?; o si pide un pez, ¿le dará en lugar de un pez una serpiente?... ¡Cuánto más vuestro Padre, que está en los cielos...!

«Jamás Dios ha negado ni denegará nada a los que piden sus gracias debidamente. La oración es el gran recurso que nos queda para salir del pecado, para perseverar en la gracia, para mover el corazón de Dios y atraer sobre nosotros toda suerte de bendiciones del cielo, ya para el alma, o por lo que se refiere a nuestras necesidades temporales».

Cuando pidamos algún don, hemos de pensar que somos hijos de Dios, y Él está infinitamente más atento hacia nosotros que el mejor padre de la tierra hacia su hijo más necesitado.

II. Dios ha previsto desde la eternidad todas las ayudas que precisamos y también los auxilios, las gracias que nos moverían a pedir, pues Él nos trata como a hijos libres y pide nuestra colaboración. Tanta necesidad tenemos de pedir para conseguir la ayuda de Dios, para obrar el bien, para perseverar, como precisa es la siembra para cosechar después el trigo. Sin la siembra no hay espigas; sin petición no tendremos las gracias que debemos recibir. Y a medida que intensificamos la petición identificamos nuestra voluntad con la de Dios, que es Quien verdaderamente conoce nuestra penuria y escasez. Él nos hace esperar en ocasiones para disponernos mejor, para que deseemos esas gracias con más hondura y fervor; otras veces rectifica nuestra petición y nos concede lo que realmente necesitamos; finalmente, en otros momentos no nos concede lo que pedimos porque, sin darnos cuenta quizá, estamos pidiendo un mal que nuestra voluntad ha revestido con la apariencia de bien. Una madre no da a su hijo un afilado cuchillo que brilla y atrae y que la pequeña criatura desea con pasión. Y nosotros somos como hijos pequeños delante de Dios. Cuando pedimos algo que sería un mal, aunque tenga apariencia de bien, Dios hace como las buenas madres con sus hijos menores: nos da otras gracias que sí serán para nuestro provecho, aunque, por nuestras pocas luces, las deseemos menos. Nuestra oración ha de ser, pues, confiada, como quien pide a su padre, y serena, porque Dios sabe bien las necesidades que padecemos, mucho mejor que nosotros mismos.

La confianza nos mueve a pedir con constancia, con perseverancia, sin cejar, insistiendo una y otra vez, con la seguridad de que recibiremos mucho más y mejor de lo que hemos pedido. Debemos insistir como el amigo importuno a quien le faltaba pan y como la viuda indefensa que clamaba noche y día ante el juez inicuo. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y quien busca halla, y al que llama se le abrirá9. La misma perseverancia en la petición aumenta la confianza y la amistad con Dios. «Y esta amistad que produce el ruego abre camino para una súplica más confiada aún (...), como si, introducidos en la intimidad divina por el primer ruego, pudiésemos implorar con mucha más confianza la siguiente vez. Por eso, en la petición dirigida a Dios, la constancia, la insistencia, nunca es inoportuna. Al contrario, agrada a Dios». Esta mujer cananea es un ejemplo, que debemos imitar, de constancia, aunque aparentemente el Señor no la escuchaba.

Al hablar de la eficacia de la oración, Jesús no hace restricciones: todo el que pide recibe, porque Dios es nuestro Padre. San Agustín enseña que nuestra oración no es escuchada a veces porque no somos buenos, porque nos falta limpieza en el corazón o rectitud en la intención, o bien porque pedimos mal, sin fe, sin perseverancia, sin humildad; o porque pedimos cosas malas, es decir, lo que no nos conviene, lo que puede hacernos daño o torcer nuestro caminar11. Es decir: la oración no es eficaz cuando no es verdadera oración. «Haz oración. ¿En qué negocio humano te pueden dar más seguridades de éxito?»: En verdad os digo que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, si tenéis fe, os lo concederá”.

Francisco. F. Carvajal. Hablar Con Dios. 5ª to. Jueves. Oración humilde y perseverante.

 

 

DIA 12-7-1981

 

Mi oración de hoy ha sido muy recogida en el Señor. Yo le digo como siempre, queriendo volar como el águila, para quedarme en nada.

 

Señor, quiero ser completamente tuya y vivir solamente dándote amor. Un amor que te sea agradable. Que Tú veas en mí no solo deseos de amarte, sino también amor. Un amor hecho obras y convertido en obras de amor. Que sea como Tú quieras. Yo quiero amarte y darte amor.

 

Vengo de comulgar. El Señor me da una fuerza interior, como diciéndome, fuera debilidades de carácter para darte amor. Mi Fuerza es tu fuerza.

Señor, con ella yo seré fuerte para darte amor. La obediencia suple lo que no me dejan hacer.

 

 

DIA 13-7-1981

 

El Señor me da un desprendimiento grande de las cosas y generosidad para los demás. Fuera concesiones, fuera infidelidades, fuera gustos, caprichos, fuera lo que me estorbe para ser toda de Dios, cuanto más mejor.

Cuando Él me da estos deseos es que quiere de mi realidad de obras hechas por puro amor a Él. Por eso siento en mí su fuerza divina que me da fuerzas para conseguir mis deseos, los deseos que Dios pone en mí.

Si me da deseos de volar como las águilas, Él me dará también las alas.

 

 

POR LAS REGIONES CELESTIALES

 

Cuando el alma llega a esta contemplación de amor con paz y recogimiento interior, el alma está altamente toda ganada y traslada en Dios, sin saber nada de sí. Habla allí con su Dios, sin hablar y sin escuchar, sin ruido de palabras.

Viéndose en esta región, olvidada ya de si, olvidada de todas las cosas de la tierra y de la vida, como si no hubiese más que el alma y su Creador.

Así esta toda ocupada en Él por la grandeza del Amor.

 

 

DIA 16-7-1981

 

El Señor me da unos deseos grandísimos de ser de Él. Esto se lo digo a mi director.

Al darme el Señor estos deseos, Él me tiene que dar las fuerzas que necesito, que son: Mayor fidelidad a sus gracias, con un desprendimiento general de todo lo que no sea Él, y todo hecho solo por puro amor a Él.

 

Señor, si Tú me das una dulce oración de recogimiento y santa paz, es para que yo en ella aprenda a amarte con generosidad y santa paz. En esta paz es donde se te encuentra todo amor.

Todo hay que hacerlo sin alardear de nada, solo por puro amor a Ti, por ser quien eres. Y en ese amor, vivir de Ti, por Ti, y solo pata Ti.

Que yo me desprenda de mí misma, y así, Señor, podrás hacer de mí lo que tu quieras. Ser como blanda cera, fiel, muy fiel, completamente fiel a Ti.

Señor, cuantas ansias tengo de ser tuya. Aumentan en mí esas ansias que me hacen pensar, como puede ser más de Dios, darte más amor y amarte mejor.

 

Cuando veo que hago tantas faltas que se me escapan, entonces veo como quedan mis propósitos sin cumplir. Cuantas infidelidades veo en mí. Me pregunto dónde quedan mis deseos y y ansias de ser de Dios como Él quiera.

Me humillo Señor, y te repito lo de siempre, que no soy nada sin ti Señor. Si Tú no me das tu mano protectora, que me levante y me haga fuerte, para llegar a darte en obras, esos deseos que pones en mí.

 

 

DIA 17-7-1981

 

Después de la Sagrada Comunión el Señor me decía: “Aunque no me ves, me conoces como soy, dulce, suave, sabroso. Ya ves como sin verme, me conoces bien como soy”.

Después de la oración, cuando menos lo pensaba, leyendo algo de la Mirada de Dios, el Señor se deja sentir en mi alma con un toque sustancial delicioso, y me recuerda lo que me ha dicho después de la sagrada comunión, que, aunque no le vea, le conozco, que es dulce, suave, sabroso, y que sin verle le conozco bien como es. Y me deja gustar y gozar de ese toque sustancial de su Divina Presencia en mi alma, donde a Él se le gusta todo amor. Esto, si ni se experimenta, no se comprende.

Todavía, cuando estoy escribiendo esto, siento ese recogimiento interior que me ha dejado mi Dios en mi alma, al dejarme gustar con su Presencia, las delicias de sus dulzuras de amor. Con este toque creo que me ha asegurado algunas cosas que ayer le preguntaba. Le dije que me diese un toque en señal, y como ayer no me lo dio, ya no pensé más en ello. Hoy, al darme el toque, me recuerda lo de ayer, lleno de su Divino Amor.

Dios me trata como yo no merezco. Me dice cosas de su Amor que nunca he oído. Me veo tan nada para esto. Le digo a mi Dios Amor: Gracias, gracias por tu Amor para conmigo. Y Él me contesta: “Si tu supieses cuanto te amo”.

En la oración de hoy, haciéndome sentir el Señor su Divina Presencia, recoge mi alma amorosamente. Al decirle al Señor que quiero ser suya, y que pongo en Él mi confianza, el Señor me da a entender, que Él me dará su gracia, pero que yo tengo que guardarme de las malas ocasiones, para serle fiel. Y no pensar que, con su gracias, me puedo meter en las malas ocasiones, pensando que Dios ya me librará. Nada de esto, al contrario. Dice el refrán: “Guárdate y te guardaré”. O sea, tengo que guardarme de toda mala ocasión, y entonces la gracia de Dios obrará y me sostendrá para vivir mis santos deseos. Sin la gracia de Dios nada bueno podemos hacer. Tenemos que cuidar de no despreciarla, para que de su fruto de santidad.

Leo todo lo que se necesita para ser santo de altar, todos esos trámites que se tienen que hacer, Yo pienso que para mí eso no me interesa. Lo que yo busco es amar a Dios, y como le puedo amar más y mejor.

Dicen preguntando, si todos los santos son místicos. Pienso si yo quiero ser mística, por solo ser mística. Yo no busco eso. Yo lo que quiero es amar lo mejor que pueda a Dios. Si Dios me hace mística, allá Él, esto es cosa suya. Pero sí diré, que la mística es una gracia muy grande para amar a Dios con perfección de amor.

 

 

DIA 23-7.1981

 

Ayer fue la elección de la nueva superiora. Salió la que yo pensaba. Habló el señor Obispo estupendamente. Viendo lo que es una elección de superiora, pensaba… Le digo al Señor: Quiero se completamente tuya, siempre tuya, aunque tenga que sufrir desprecios, aunque se rían de mi por ser demasiado observante, aunque me quede sola para guardar mejor el silencio, aunque vea actos fríos a mi alrededor, etc.

Yo quiero ser siempre tuya Señor, estar conforme con tu voluntad en la obediencia, que los superiores vean bien, como hasta ahora, mi manera de llevar mi vida religiosa, y me digan, como ahora, que siga así.

Estos deseos tan grandes de ser de Dios, me ayudan mucho para llevar una vida de perfección mayor, y así dar a Dios mayor amor. Para todo cuento con la gracia de Dios, sin Él nada soy.

Bien lo sabes tú, Señor, que conoces todas mis debilidades.

 

“Así como no desear nada exteriormente, produce la paz interior, así el negarse interiormente, produce la Unión con Dios”.

“En la tolerancia y en el amoroso abrazo de las cruces que en cada hora se digna a enviarnos Nuestro Señor, como a fieles amigos suyos, entran toda suerte de purgaciones pasivas con las que providencialmente vamos siendo curados, por su paternal Mano. (“No olvidemos el Verbo y el Espíritu Santo, son las dos Manos del Padre”). Somos limpiados de los vicios y defectos que resisten a la purgación activa, y muy en particular de los ocultos, que no podríamos siquiera conocer y remediar, según Él nos va poniendo el dedo y la medicina en la llaga”.

 

El ratito que he tenido hoy de oración, el Señor ha recogido mi alma en Él, tan amorosamente que me da una fuerza grande y nos deseos inmensos de amarle sin condición, como Él quiera. Pero siempre contando con su gracia.

Sin Ti, Señor, nada soy. Por eso, espero que estos deseos me los harás realidad con tu Divina Gracia.

 

 

DIA 27-7-1981

 

Cuando en la oración estoy recogida, para saber si es de Dios, tengo que mirar después, los efectos que hace en mi alma. Mirar si tengo paz, si tengo deseos de ser de Dios. Siento como si Dios me dijese que tengo que amar la Cruz, amar la mortificación, amar los desprecios, ser humilde …

Y me dice el Señor: “Yo también pasé por todo eso siendo Dios, y lo pasé por tu amor”.

Si yo siento unos deseos grandes de humildad, de que me desprecien … Y si todo ello es por puro amor a Dios, y siento paz, entonces creo que puedo estar tranquila, por ser señales de que es de Dios. Esto se lo pregunto a mi director y él lo ve también así. Mi seguridad será segura con lo que él me diga. Pero si estos recogimientos me dan deseos de ser apreciada, de no ser humilde, esto es cosa del maligno, porque como él es soberbio, en el alma pone soberbia.

 

Señor, quiero ser toda tuya, me encuentro sin apoyo. Hay veces que me encuentro en un vacío, no sé cómo explicar esto. Pero pienso que a Ti te sentiste solo en la Cruz, mientras cumplías la Voluntad del Padre. Te acompañaron los que bien te querían, la Santísima Virgen María, San Juan, y las Santas Mujeres. Hasta lo apóstoles de abandonaron.

 

 

 

SU COMPLACENCIA EN NOSOTROS

 

Negar a Dios, advertida y deliberadamente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para contactar escribe a:   josemaria@immi.es

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